DYLE Nº 21

¿Y por qué no intentarlo?
Purificación Díaz Callejo
Maestra de 6º de primaria del CEIP Cisneros. Santander
Rocío González Martínez
Maestra de 6º de primaria del CEIP Cisneros. Santander
Resumen: La metodología usada en el aula es clave para conseguir llegar al alumnado, captar su atención, implicarlo en los aprendizajes y lograr el objetivo de que adquiera las competencias necesarias para la vida. En este artículo se expone una metodología diferente, basada en planes de trabajo semanales, que incluyen una gran variedad de actividades, tanto en forma como en contenido, y que consigue una gran autonomía e implicación por parte del que aprende. La evaluación es una parte esencial de este proceso, entendida como forma de reflexión continua de todos los aspectos implicados en el proceso de enseñanza aprendizaje y que permite, además, mejorar en gran medida la atención a la diversidad.
Palabras clave: Plan de trabajo, evaluación, metodología,
En las aulas de primaria nos enfrentamos al reto de que nuestro alumnado pase a secundaria habiendo adquirido un nivel competencial adecuado. Esto, añadido a la realidad frenética en la que estamos inmersos en los últimos tiempos, nos lleva a los docentes a reinventarnos y a utilizar diferentes metodologías de trabajo que nos ayuden a dar respuesta efectiva a nuestro alumnado.
A raíz del año pandémico, asentadas en un tercer ciclo de primaria, empezó a germinar la idea de crear un sistema que permitiera al alumnado poder continuar con el proceso de aprendizaje fuera del aula. Así comenzamos a preparar lo que llamamos “hojas de estudio”, que no era más que la teoría que los alumnos tenían que aprenderse, en forma de esquemas, cuadros explicativos…Así, empezaron a completar su “Cuaderno de estudio”.
Poco a poco, fuimos introduciendo otros aspectos a la metodología, como técnicas de trabajo cooperativo, la tutorización entre iguales…para dar respuesta a la realidad de nuestra aula que, por aquel entonces, se trataba de dos clases muy heterogéneas.
Lo que siempre hemos tenido claro es que la metodología, fuera la que fuera, debía dar al alumnado la oportunidad de implicarse y ser consciente y autónomo en su aprendizaje, y que éste debía tener una significatividad real. Entendemos que la implicación del alumnado en su aprendizaje desde edades tempranas es fundamental para que pueda desarrollar la competencia de “aprender a aprender”. Por ello, el alumno se encuentra siempre en el centro de todo el sistema, y el resto de los elementos del proceso enseñanza-aprendizaje son instrumentos al servicio de su desarrollo.
Para lograr este objetivo, nuestra práctica diaria parte de las competencias como eje vertebrador, desarrolladas a través de los criterios de evaluación y utilizando para ello los saberes básicos que nos proporciona la legislación vigente. A partir de aquí aplicamos nuestros principios metodológicos a los proyectos, que oscilan entre las dos y las cinco semanas, y las situaciones de aprendizaje, todo ello a través de lo que conocemos como “plan de trabajo”. Este plan gira en torno a un tema de ciencias que actúa como hilo conductor, y finaliza con un producto final desarrollado por el grupo de trabajo y que supone la aplicación práctica de lo que van aprendiendo a lo largo del proyecto.
El plan de trabajo es un documento “vivo”, sujeto a posibles modificaciones, que compartimos con ellos semanalmente a través de una plataforma digital. En él, se les plantea todo el trabajo que deben realizar durante la semana en todas las asignaturas de la tutoría y las herramientas que necesitan para hacerlo.
Las TIC, a pesar de ser una herramienta clave en esta metodología, comparten protagonismo con el lápiz y el papel. Al recibir el plan, cada grupo organiza las tareas, para poder tenerlas listas al final de la semana. Los agrupamientos cooperativos son especialmente útiles a la hora de ayudarse mutuamente y solucionar dudas entre ellos, lo que favorece directamente a la atención a la diversidad del aula. Llegar a cubrir las necesidades del aula sin recursos humanos suficientes es muy difícil. Los grupos son, en gran medida, autónomos en la resolución de las dudas, puesto que deben consultar las fichas de estudio y ayudarse entre ellos antes de acudir a nosotras. Nuestro rol es más el de guías. Los ayudamos en la organización del trabajo, les aportamos las herramientas necesarias para su desarrollo, y los orientamos en lo que requieran, pero el objetivo es desarrollar su autonomía en el aprendizaje. De esta manera, nuestros esfuerzos se centran en atender las necesidades específicas del día a día o aquellas que puedan prolongarse en el tiempo.
Los espacios y los tiempos se utilizan también de forma flexible. No existe un horario concreto, a excepción de las horas de los especialistas. El resto del tiempo se pone a disposición del plan de trabajo, que puede desarrollarse de manera diferente en cada grupo. Igualmente, la utilización del espacio es flexible, tratando de sacar el máximo provecho a los desdobles y los distintos agrupamientos.
La propuesta de actividades es otra herramienta clave más en el diseño de esta metodología. Están pensadas para un alumnado dinámico que demanda actividades muy variadas: investigaciones, gamificación, manipulativas. Buscamos el equilibrio entre utilidad y motivación, aplicando actividades que evalúen la adquisición de competencias, a la vez que desarrollen en los alumnos las destrezas y habilidades que les permitan ser competentes y tener un espíritu crítico en la resolución de situaciones que les plantee la vida.
En cada uno de los proyectos tratamos siempre de dar significatividad a todos los saberes básicos, trabajando las diferentes áreas desde la globalidad.
Hacemos mucho hincapié en el desarrollo de las cuatro destrezas del lenguaje, ofreciéndoles actividades de comprensión y expresión oral y escrita, siempre ampliando aquellos conocimientos que marca la situación de aprendizaje. Los alumnos se enfrentan a diferentes textos multimodales, que deben trabajar de diversas formas llevando a cabo actividades de lectura comprensiva, análisis gramatical, vocabulario, ortografía, creación de textos basados en los modelos dados…
Consideramos fundamental el aprendizaje de técnicas de estudio, a lo que dedicamos una parte importante de nuestro trabajo con el alumnado: mapas conceptuales de distintos tipos, reglas mnemotécnicas, detección de ideas principales y secundarias, subrayado, siendo estas actividades las únicas que se les exige realizar en casa.
El área de matemáticas está estructurado en seis bloques: numeración, cálculo y operaciones, resolución de problemas, geometría, medida, probabilidad y estadística o programación, trabajándose de forma intercalada a lo largo del curso. De esta forma van afianzando los conocimientos progresivamente, y a la vez con mayor profundidad. Todo el alumnado participa en todas las actividades en grupo, puesto que siempre son actividades abiertas pensadas para que cada uno participe en función de sus posibilidades.
Y aquí llega lo más complicado…¿cómo evaluar? ¿Cómo conseguir que la evaluación sea de verdad formativa y formadora? La evaluación formativa implica que evaluemos en todo momento nuestros procesos de enseñanza, y nos invita a reflexionar sobre los resultados que obtiene el alumnado. El hecho de estar asentadas en el nivel y de trabajar con documentos vivos nos permite analizar los errores y redirigir nuestro proceso de enseñanza adecuándolo al proceso de aprendizaje. Por otro lado, la evaluación formadora parte del clima favorecedor que se crea en el aula y que permite al alumnado expresarse con total confianza y tratar el error como una oportunidad de mejora. Esta atención personalizada, con la ratio que tenemos actualmente, es muy difícil. Sin embargo, como explicábamos anteriormente, este sistema de trabajo nos permite sacar tiempo para sentarnos con cada grupo, o con cada alumno, y trabajar con ellos los aspectos que necesitan ser mejorados, corregir un escrito y ayudarles a reformularlo, trabajar actividades de matemáticas concretas, explicar los aspectos que puedan presentar mayor dificultad, de manera que siempre estamos inmersas en el proceso evaluador.
Cada unidad o proyecto comienza con una evaluación inicial, la cual vamos variando dependiendo del tema. Esto nos permite conocer el punto de partida y refrescar aquellos aprendizajes dado el carácter cíclico de los saberes en la educación primaria. Algunas de las actividades que utilizamos son: formularios KPSI, formularios, esquemas, coloquios, que quedan anotadas en una lista de control.
A lo largo del plan de trabajo utilizamos diferentes procedimientos, instrumentos y actividades para lograr que la evaluación sea lo más objetiva posible como así nos marca la legislación de nuestra comunidad.
Como procedimiento principal, consideramos de especial importancia, la observación, que queda plasmada en nuestro registro diario. Tomamos muchísimas notas a lo largo de cada proceso, teniendo en cuenta el desempeño de nuestro alumnado, y permitiéndonos valorar la integración de los conocimientos y las habilidades adquiridas.
Las actividades más importantes de cada proyecto quedan recogidas en un porfolio al que se le asigna una nota cuantitativa. Además, el porfolio permite ver fácilmente la evolución del alumnado desde los primeros trabajos y analizar el proceso de aprendizaje de forma más meticulosa. El instrumento utilizado para evaluar el porfolio son las rúbricas las cuales también utilizamos para valorar los trabajos grupales o individuales, presentaciones orales, trabajos escritos…recogiendo toda la información sobre aspectos como la presentación, la ortografía, la precisión léxica y sintáctica, la planificación del discurso, la creatividad y originalidad o el contenido.
Otra manera de evaluar el nivel de desempeño de nuestro alumnado es mediante las pruebas escritas u orales, entendidas como práctica para la educación secundaria, y como instrumento de reflexión para valorar su propio aprendizaje. Además, no siempre tienen el mismo formato. A veces se les pide desarrollar respuestas, otras veces se les da en forma de cuestionario, o en forma de test o respuestas cortas, y otras se les hacen preguntas orales de diferentes tipos.
Además, se incide mucho en la necesidad de revisión de los trabajos, tratando de que ellos mismos busquen su propia superación. Se les dan oportunidades de autoevaluarse, o de evaluar a sus compañeros, siempre de forma constructiva y respetuosa, utilizando para ello cuestionarios de autoevaluación y coevaluación, revisión del trabajo en equipo, rúbricas…
La evaluación la llevamos a cabo partiendo de los criterios de evaluación distribuidos a lo largo de los dos cursos del ciclo. En cada proyecto elegimos los que vamos a valorar y adaptamos los porcentajes aplicados a cada uno, en función de su peso e importancia. Diseñamos algunas actividades orientadas a poder evaluar determinados criterios, y la nota de cada uno de ellos se obtiene de la media de la calificación de varias actividades. De esta manera, conseguimos que la evaluación sea más objetiva, puesto que se basa en la nota de prácticamente todas las actividades realizadas durante los proyectos.
Con el transcurso del tiempo lo que hemos observado es que el hecho de tomar tantas notas, de sentarnos tanto con el alumnado, es lo que nos permite conocer a fondo las fortalezas y debilidades de cada uno. Es un trabajo duro, sobre todo al principio, que no los conocemos, pero resulta muy gratificante ver cómo mejoran cuando diriges tus esfuerzos, y por consiguiente los suyos, a aquello que deben mejorar.
Podríamos concluir diciendo que es un método que tiene sus dificultades. Por un lado, para la clase, que debe adaptarse a una nueva forma de trabajar y, por otro, para el profesorado, por todo la labor que exige y en especial los primeros meses del ciclo. Sin embargo, ofrece resultados muy satisfactorios en cuanto a la formación que alcanza el alumnado, a la autonomía y espíritu crítico que desarrollan, aspecto que nos hace estar muy satisfechas con todo el trabajo y dedicación que le hemos puesto, que es mucha, además de sentirnos tremendamente orgullosas de su evolución, viendo como forman parte del proceso y se implican en él. También podemos destacar las ventajas de otros aspectos como el clima del aula, sin el que este método no sería posible. Es necesario generar un ambiente de respeto y confianza mutuas, un deseo de colaborar y ayudar a quien lo necesite.
Somos conscientes de que son niños y niñas, y leyendo el artículo que hemos escrito puede dar la sensación de que hemos puesto el listón muy alto. Sin embargo, el propio listón se ajusta a las posibilidades de cada uno. Resulta muy gratificante ver lo lejos que pueden llegar cuando se les deja volar solos con las herramientas adecuadas.


