DYLE Nº 31

“Las vecinas de doña Emilia” no damos puntada sin libro
Pilar Mingote Adán
El club de labores y lectura “Las vecinas de doña Emilia” es una de las actividades que desarrolla la Asociación vecinal San Martín de Meirás, Sada, fundada en 1978. En la actualidad, cuenta con doscientos socios, y para pertenecer a ella se paga una cuota de 10 euros al año. Coincidiendo con el comienzo del curso escolar, se ofertan diversas actividades deportivas y culturales, de diferente duración; la de labores y lectura se mantiene durante todo el año. El nombre del proyecto hace referencia al contexto geográfico, histórico y cultural de la parroquia de Meirás, donde la escritora Pardo Bazán construyó su casa, Las Torres de Meirás. Desde allí, creó el universo literario, al que en sus cuentos y novelas llamó “Alborada”.
La idea del club de labores y lectura surge por iniciativa de un grupo de mujeres de entre 50 y 85 años que se reúnen desde hace cuatro años cada martes y jueves de 17:00 a 19:30, para tejer, leer y conversar. El estilo es cooperativo, se aprenden técnicas textiles de ganchillo, tejer y palillar haciéndolo y contando unas a otras lo que se sabe hacer y cómo hacerlo; las aportaciones individuales son su mayor fortaleza. La sesión de los martes se dedica enteramente a las artes textiles en la del jueves se introduce la lectura en voz alta, entre 35 o 40 minutos y posterior tertulia, aunque en muchas ocasiones, la propia lectura se interrumpe para hacer aportaciones personales que enriquecen el análisis y la libre interpretación de los textos.
Tejer en reuniones sociales, en grupos, es una forma de fortalecer lazos de amistad, lo cual a su vez influye en el bienestar personal, porque crea espacios y tiempos de paz y reflexión colectiva. Por otra parte, son actividades que frenan los procesos de envejecimiento del cerebro convirtiéndose en actividades de terapia ocupacional, pues requieren hacer cálculos mentales de manera continuada, leer gráficos, interpretar símbolos y hacer uso constante de la memoria y de la concentración. Si los beneficios de las labores se implementan con los superpoderes de la lectura en voz alta y en grupo, que mejora la capacidad de escuchar y empatizar con otras formas de sentir y pensar, la mezcla de ambas actividades tiene una carga “vitamínica” que mejora la calidad de nuestras vidas.

Meirás, universo literario
Mientras tejemos y ganchillamos, una de nosotras lee en voz alta textos de la escritora Emilia Pardo Bazán porque aquí vivió; primero en la casa de sus abuelos, La granja, y luego, en la que diseñó y construyó con la ayuda de su madre. Aquí se inspiró en las personas, paisajes y costumbres para escribir sus obras. En dos de los capítulos de su novela “La Quimera” nos recrea la construcción del pazo, las vidas de los trabajadores, en los que “las vecinas de doña Emilia” reconocen a sus antepasados y avivan la memoria de las historias transmitidas en las familias de generación en generación. Es un canto a la vida de las personas humildes que provoca en nosotras el orgullo de pertenecer a este pequeño paraíso literario de Pardo Bazán. Ella forma parte del imaginario colectivo, la sentimos como a una de las nuestras, y “las vecinas’ le rendimos homenaje escuchando y comentando sus obras. El broche final de las tertulias, un café y un rico postre traído de casa. Somos muy de celebrar y compartir.
El 12 de mayo, en el aniversario de su muerte, celebramos una ofrenda floral en los jardines de Las Torres, nos caracterizamos de cigarreras, las protagonistas de su novela La Tribuna; aquellas superheroínas de la Fábrica de Tabacos de A Coruña, Marineda, que mientras hacían los cigarros escuchaban a su compañera Amparo leer los periódicos. Una fábrica de tabacos convertida en universidad por aquellas mujeres con empatía que cuidaban unas de otras y que protagonizaron una de las primeras huelgas de mujeres en España.
“Amparo subía a un banco, desplegaba el papel, y con voz vibrante y clara, que dominaba el rumor de los talleres, leía los encendidos discursos de Madrid y la prensa local. Las cigarreras suspendían un momento la labor, con el pitillo a medio liar entre los dedos, escuchando conmovidas y prestando atención a su pequeña Tribuna…”
Aunque el hilo conductor en nuestros viajes literarios es Pardo Bazán (cuentos, novelas, artículos, recetas de cocina, discursos…) de vez en cuando, hacemos paradas para disfrutar de escritoras gallegas coetáneas o posteriores, que pusieron a Galicia en el mapa del movimiento feminista internacional (Filomena Dato, Sofia Casanova etc.) o de textos de ilustres visitantes a Las Torres, como su amigo Miguel de Unamuno que en su obra “Por tierras de Portugal y de España “escribe:
“Guardo un recuerdo imborrable de los días que pasé en su granja de Meirás, días de regalo espiritual, rodeándome de cultura y de tolerancia.”
En febrero, el mes de los grelos, ingrediente indispensable y sobre todo si son de la huerta de Manolo do Roxo, de Meirás, las vecinas celebramos el Cocido Literario. Un grupo de mujeres de la asociación lo prepara, incluyendo los postres típicos de esta región gallega (filloas, buñuelos, rosquillas). Cada año, elegimos a una escritora e invitamos a un especialista para que, en los postres, nos diserte sobre ella. Las recetas son las que nos han sido transmitidas generaciones tras generaciones, y los productos, de la zona.
Somos las herederas de nuestras abuelas, de nuestras madres, de todas las mujeres silenciadas, que en tiempos de hambre y de pobreza nos trajeron hasta aquí. Recogemos sus recetas, su testigo, su herencia de trabajo, sabiduría y bondad para contarlo, y que sus historias permanezcan vivas. Queremos que nuestras voces firmes y necesarias sean un altavoz de la cultura gallega; una voz que amplifica el valor del encuentro, de la conversación, de las agujas, de los hilos, y de la literatura, como herramientas transformadoras de la vida cotidiana. Somos las herederas de aquellas mujeres gallegas valientes y luchadoras que después de trabajar fuera y dentro de la casa, se reunían en torno a “la “lareira” para hilar, tejer y contar y cantar historias. Ellas fueron nuestras maestras; de ellas aprendimos y ahora, lo compartimos.

Doña Emilia, una brújula para tiempos convulsos
“La lucha vale más que el triunfo”
En el siglo XIX, denunció todos los abusos y violencia contra las niñas y las mujeres. Defendió el acceso a la educación para que pudiéramos decidir por nosotras mismas y participar de la vida pública. “Ser dueñas de la calle”, como decía Amparo, aquella adolescente cigarrera, nuestra superheroína. Defendió la idea tan sencilla y revolucionaria de que ser mujer es ser persona, y esto le costó continuos ataques y burlas de la gran mayoría de los políticos, intelectuales y escritores de la época, todos ellos hombres. Porque ella fue una de las mujeres excepcionales, en una sociedad machista y patriarcal de finales del XIX y comienzos del XX, que introdujeron de manera explícita el feminismo en el debate cultural y político, y que se atrevieron a desobedecer y a tomar la palabra. Y Naturalmente, pagaron por ello.
“Ella misma se resistió siempre a que se la mirase solo e inevitablemente como mujer. Creyó en todo caso que lo interesante era reclamar para las mujeres la capacidad de ser diferentes entre sí, de ser individuos en el pleno sentido de la palabra que, al menos en teoría, se predicaba para los hombres. (…) Su respuesta a la perplejidad intelectual y a las heridas personales que pudo experimentar en ese terreno fue característicamente combativa. Por una parte, contribuyó a convertir el feminismo (término que utilizó sin tapujos) en objeto de discusión respetable, al menos en círculos que hasta el momento habían sido impermeables a ello.”
Isabel Burdiel “Emilia Pardo Bazán”
Cuando solicitó varias veces su plaza en la Real Academia de la Lengua Española, los ilustres “machirulos” de la época se la negaron por ser mujer. Muy pocos la defendieron en público, como Ramón y Cajal o el joven filósofo Ortega y Gasset. Pero ella continuó su lucha, la de tantas y tantas mujeres de hoy.
“Esta es una cuestión que sólo ha llegado a interesarme por un concepto ideal, por el aspecto feminista. Yo no he luchado por la vanidad de ocupar un sillón en la Academia, sino por defender un derecho indiscutible que, a mi juicio, tienen las mujeres. A mí no se me ha admitido en la Academia, no por mi personalidad literaria—según han dicho todos los que podían votarme–, sino por ser mujer. Cada cual tiene sus propósitos y yo tengo el de separar obstáculos de los que estorban a la mujer. No espero entrar nunca en la Academia, pero en este caso especial la lucha vale más que el triunfo.”, dijo Emilia Pardo Bazán en una entrevista concedida al diario madrileño El Día, el 7 de febrero de 1917.
No deja de admirarnos que, pese a tanta violencia contra ella, insultos, burlas, ataques personales de todo tipo y descalificaciones, doña Emilia nunca perdió los papeles. Desobedeció las normas del patriarcado y vivió como quiso. Un espejo en el que mirarnos.
Nosotras seguimos leyendo a Emilia Pardo Bazán porque la Literatura nos transforma y nos hace dueñas de nuestras conciencias y desobediencias. Porque la libertad si no es para todas las personas, para las más vulnerables, las que sufren y a las que roban su dignidad, no es libertad, es un privilegio. Y esa fue la lucha de Pardo Bazán.
En sus cuentos denuncia todo tipo de violencias contra las mujeres y las niñas y en todas sus formas, desde el sometimiento que provoca el matrimonio, hasta la esclavitud de la prostitución; en definitiva, la utilización del cuerpo de la mujer como mercancía, la mayor `parte de las veces con la complicidad del padre o del marido. Por ejemplo, en “Champagne”. Critica la hipocresía legal y social de la burguesía que desampara a la mujer y la obliga a caer en manos de los proxenetas, como en “Medias rojas” o en “Insolación”. Pone el foco en la trata de mujeres y de niñas y el proxenetismo organizado en los burdeles madrileños. Desde su mirada feminista, Pardo Bazán es una de las primeras escritoras en señalar que la prostitución no es un “vicio intrínseco” “de la mujer, como se defendía entonces y ahora, sino un negocio lucrativo motivado por la demanda de consumidores masculinos. En sus obras, se debaten temas de dolor y sufrimiento a los que todavía no hemos sido capaces de dar respuesta social y política. Sin embargo, el hecho de leer textos literarios, es en sí mismo un acto político porque nos permite entrar en terrenos de libertad individual, y a través de las emociones y de la imaginación, ejerce un poder transformador de las personas y nos da la clave para pensar y crear mundos mejores.
La literatura a través de la belleza, nos permite descubrir el poder del pensamiento y nos conecta con la memoria de nuestras historias personales. En nuestras tertulias, posteriores a las lecturas, nos interpela para encontrar la libertad interior, saber quiénes somos, de dónde venimos y lo que queremos ser; nos da las herramientas en esas “benditas conversaciones” para expresar emociones y sentimientos que han sido tabúes durante nuestras vidas. Nos da la llave para tener voz propia y hacer nuestra libre interpretación de esas historias tan cercanas que nos cuenta Pardo Bazán.

Tejiendo etnomatemáticas
En las tertulias de “Las vecinas de doña Emilia” empezamos a tomar conciencia de algunas evidencias como, por ejemplo, que tejer y ganchillar desarrollan el aprendizaje de determinadas competencias lingüísticas (lectura e interpretación del lenguaje universal del ganchillo) y competencias comunicativas orales, tanto en gallego como en castellano, para la transferencia del conocimiento de las técnicas textiles y de las historias de las prendas y objetos creados. En definitiva, para contarnos unas a otras, en gallego y en castellano, lo que sabemos hacer o lo que queremos aprender.
El ganchillo utiliza un lenguaje artificial propio, unívoco, con una simbología y diagramas para su ejecución, que se leen con un orden específico: se comienza en el símbolo de la esquina inferior derecha, y se trabaja en dirección al lado izquierdo y hacia arriba. Se trata de un lenguaje formal y universal. Su Gramática se compone de un alfabeto (símbolos y abreviaturas), una sintaxis (reglas para combinar expresiones) y su semántica (el significado de las combinaciones de abreviaturas y símbolos), diseñado para transmitir formas geométricas y patrones de forma inequívoca. El proceso comunicativo finaliza en la creación de objetos de decoración, objetos de la vida cotidiana, prendas de vestir, recursos de las mujeres espías durante la segunda guerra mundial para transmitir mensajes, murales de “guerrilla urbana”, y por qué no, materiales didácticos de las Matemáticas. Es una forma de arte textil que esconde patrones y estructuras geométricas complejas. Así que nos pusimos a ello, a ganchillar polígonos.
Esta idea tan sencilla tomó forma de proyecto, gracias a Susana Vázquez, la incansable y entusiasta profesora de Didáctica de las Matemáticas de la Facultad de Ciencias de la Educación de la UDC, que se ha unido al grupo.
Se trata de una experiencia de Aprendizaje-Servicio desarrollada en la Universidad de A Coruña (UDC) que íntegra Etnomatemáticas con la ética, la educación crítica, la cooperación internacional y el compromiso social´, mediante el trabajo con tejidos africanos y el trabajo tradicional de ganchillo y calceta. La iniciativa se desarrolla dentro del marco de la materia Educación Matemática III del Grado de Educación Primaria y se articula en torno a la creación de materiales para estudios de geometría, inspirados en las capulanas de las mujeres africanas de la región de Tete (Mozambique) y en los estándares matemáticos presentes en las creaciones de ganchillo y calceta, realizadas en el club de labores y lectura Las vecinas de doña Emilia, en la asociación vecinal de San Martín de Meirás.
El proyecto se establece en colaboración con la Escola Secundaria Inácio de Loyola (ESIL) en el distrito de Tsangano, provincia de Tete (Mozambique), con la que la UDC tiene un convenio, con la Asociación de vecinos San Martín de Meirás y con tres centros de Infantil y Primaria de A Coruña donde se pondrán en práctica los materiales didácticos creados por las mujeres y los estudiantes en las aulas de la Facultad de Ciencias de la Educación. La propuesta se conecta también con el proyecto comunitario Amapanga, centro de transferencia intergeneracional de conocimientos entre mujeres y en la creación de redes solidarias entre Galicia y Mozambique.
En este momento, el proyecto “Tejiendo Etnomatemáticas” se encuentra en fase de preparación y se desarrollará durante el primer cuatrimestre del curso 2026-2027.

