Revista sobre educación y liderazgo educativo DYLE Nº14

DYLE Nº14

Actualidad

Liderazgo climatizador en las aulas, mas no solo

Carmelo Marcén Albero

Comencemos diciendo que la sociedad entera es, en mayor o menor grado, parte integrante del cambio climático (en adelante CC). Por lo inducido o acelerado con sus prácticas, implacables en los últimos cien años, con un corolario estruendoso desde hace 5 o 6 décadas; por las incertidumbres que tiene delante. Tal situación ha sido difundida en muchos mensajes de los medios de comunicación; ha entrado en nuestras casas y en la escuela. Para hacer frente a esa complejidad son necesarios liderazgos fuertes, que sean capaces de unir a mucha gente. Podría ser la ciencia o la educación (formal, no formal e informal), los gobiernos, etc. Pero más bien es una encomienda colectiva, con el imprescindible concurso de la ciudadanía.

La ciencia soporta la ignorada escucha

La preocupación por esta cuestión es creciente. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) fue creado por las agencias de la ONU (PNUMA y OMM) en 1988. Debía facilitar evaluaciones integrales sobre el CC a partir de los conocimientos científicos, pero también técnicos y socioeconómicos. En suma, entender sus causas, valorar sus repercusiones y aconsejar estrategias de respuesta. Actualmente, 195 países son parte activa o aportan miembros del IPCC, más de un millar.

El reciente 6º Informe del IPCC insiste en acometer entre toda la sociedad lo necesario para entender las bases físicas del CC, comprender su repercusión en los océanos, criosfera, analizar determinados usos del suelo. Además avisa de que la temperatura media del aire próximo a la Tierra se ha incrementado ya 1,5ºC, que era el máximo idealizado para 2030. También asegura que la intervención humana acarrea graves repercusiones en otros aspectos. La educación informal en su estado puro.

A la vista de las incertezas que estas situaciones plantean para el futuro, la ciencia debería ser la referencia de actuación global, ejercer el liderazgo mundial. Pero no es así. La unanimidad científica no consigue generalizar la consciencia, ni siquiera con datos demostrables, y mucho menos encaminar las conciencias hacia prácticas urgentes, que a todos individuos afectan y servirán mucho más al alumnado que ahora transita por nuestras aulas, a la biodiversidad que le acompañe. Es tiempo de transiciones culturales, de sociedades responsables y de escuelas soñadoras.

La evidencia de la emergencia climática

Quienes deseen profundizar en los incrementos de las temperaturas en Europa y en todo el mundo pueden visitar Global Climate Change o el sitio del IPCC. Hay muchos eventos globales ligados al CC: episodios atmosféricos anormales en distintas estaciones, creciente desertificación, alteración de la biodiversidad o de las aguas, la presencia tóxica de los residuos, aumento de las hambrunas, etc. Todos repercuten en la vida colectiva. Luego habremos de aminorar en cada caso los efectos del CC y adaptarnos a las nuevas situaciones.

Si nos atenemos a lo que las y los europeos señalan en el último Eurobarómetro de la Unión Europea parece que somos conscientes del deterioro generado al planeta y a nuestras vidas. Es más, la multicrisis ambiental y ecosocial abierta se nos antoja un problema severo. Por su parte, el Ministerio de Transición Ecológica señala en La sociedad española ante el cambio climático. Percepción y comportamientos de la población que quienes respondieron la encuesta manifestaban que el cambio climático iba a afectar mucho a las generaciones futuras, también a la alimentación y a la salud. Es más, decía que las emociones dominantes que despierta el cambio climático son el interés, la impotencia, el disgusto, la indignación y el enfado. Señalaba que falta el compromiso continuado.

Pero no estamos tan seguros de que la percepción del CC esté consolidada en España. Son necesarias transiciones que implican cambios culturales y de vida (sociales, ambientales y económicos). Para ello serviría aumentar el escaso eco de entidades como la Oficina Española del Cambio Climático, que pone a nuestro alcance hechos, datos y propuestas de plena actualidad.

La costumbre social del escapismo individual

En general, cuando tenemos delante un problema de semejante envergadura confiamos en que se resuelva con los esfuerzos de los otros. Así, en casi todas las encuestas que se hacen sobre el CC se asigna más papel reclimatizador a los gobiernos, empresas y demás antes que al esfuerzo propio. Este escapismo puede ser debido a que la situación no preocupa o que no se ve que sirva la acción individual ante semejante problema. De ahí que la sociedad en su conjunto, y las familias como núcleos de formación en estos temas, deambulan en un quiero y no puedo en esta cuestión, tal que impregna la vida de jóvenes y adolescentes, los grandes sufridores de la falta de acción social.

Supongamos que atendemos a lo que formulan el profesor Otto Scharmer, del Massachusetts Institute of Technology (MIT) y Katrin Kaufer: “Vivimos en una era de irresponsabilidad organizada”. Merece la pena echarle un vistazo a su Ser líder desde el futuro emergente. Desde la economía de los ego-sistemas a la economía de los eco-sistemas O como nos anticipaba Adolfo Bioy Casares: «En los momentos más terribles de la vida (colectiva) solemos caer en una suerte de irresponsabilidad protectora (individual) y en vez de pensar en lo que nos ocurre dirigimos la atención a trivialidades». Esto explicaría el hecho de que a pesar de que el 80 % de la población española es conocedora de que su contribución es imprescindible para retardar/atajar la emergencia climática, apenas un 24 % está acometiendo cambios radicales. Son datos del Banco Europeo de Inversiones.

Frente al escapismo ambiental hay que hablar menos y comprometerse más, entender que los retos de hace un par de décadas se han convertido en una emergencia. La ciencia lo demuestra en la presentación del estado actual de las cosas, en las invitaciones a la acción colectiva; no se trata de dogmatizar sino de avanzar las posibilidades de un mundo mejor. Para conseguirlo será necesario comunicar muy bien que el (re)cambio climático es una necesidad en la escuela, pero mucho más en la educación no formal e informal. Recordando que España no es una isla al margen del complejo mundo, tan necesitado de liderazgos, más en este momento de crisis sanitarias y bélicas. Hay que interiorizar que la emergencia climática no tiene fronteras.

Porque, por más que la gente sepa y sienta, se preocupe, le cuesta mucho reaccionar. Esta extendida incongruencia ambiental es lo que algunos denominan disonancia cognitiva. Por eso, si se percibe una tensión climática, parece que nos las arreglamos para encajarla en nuestras coherencia y tranquilidad interna, o meterla en el desván de las cosas no favorables y que no nos desestabilice demasiado. La misma UE ha perdido parte del impulso que ejercía.

Lo normativo escolar puede ayudar pero

La apuesta de la Lomloe por el tratamiento de las temáticas socioambientales es una buena noticia. Propone trabajar el CC de verdad; no solo aprenderlo sino implicarse en su mitigación. Pero la norma no cambia por sí sola aquello que se enseña/aprende en las clases. Más en estas temáticas que deben ser abordadas con una elevada implicación personal. Difícil es liderar un proyecto sobre el CC si personalmente no se entienden las variables que lo condicionan, si no es cómplice de su mejora. Tampoco si se queda en presentar “ambientalizados” los documentos que la administración educativa pide para el primer mes del curso. Por cierto, habría que dar tiempo en el horario a las reuniones de equipo para que a lo largo de un curso elaborasen su proyecto.

Los Equipos Directivos y el profesorado ven lógico tratar estos temas en las aulas. Poco a poco van enterándose de la emergencia, tienen cierto interés e incluso se comprometen en la dinamización de iniciativas para mitigar el CC o adaptarse a él. Van asumiendo su liderazgo, de hecho se incorpora a los proyectos educativos. Pero todavía no han acertado a concretar los cómo y cuándo. Deben resaltar el valor de la ciencia y llevarlo a las aulas. Existen ya muchos materiales para los centros educativos elaborados desde la administración educativa, proyectos en la Red donde mirar, formación on line, documentos para el alumnado, etc. En fin, que lo difícil es seleccionar lo que pueda interesar. Para ello hace falta una adecuada formación del profesorado, que no se conseguirá en 2025 como aventuraba el borrador de la Lomloe.

En bastantes centros ya existe una Comisión Ambiental heterogénea que ejerce la tarea de liderazgo comprometido. A veces solamente se reúne en los recreos, lo cual disminuye su eficacia y desanima la intervención. También necesitaría los recursos necesarios para mejorar la gestión ambiental de los centros, que los Equipos Directivos ya han emprendido. Si se publicita lo realizado, se explican bien los avances, el centro adquiere un papel de liderazgo del que algo llegará a las familias, parte importante en la construcción de estilos de vida más amables con el medioambiente.

Finalmente, la pertenencia a redes de acción ambiental reporta a los centros muchas ventajas: pautas de pensamiento comprometidas, posibilidades de compartir experiencias, desarrollo de proyectos conjuntos, intercambios de profesorado y alumnado…Por ejemplo la Conferencia Infanto Juvenil Confint en la que el alumnado lidera las propuestas de acción y las comparte con escuelas de su país o de otros.

La alianza de la comunidad educativa y social sí es posible

Jóvenes de todo el mundo reclaman una acción urgente. Pero sus presencias son efímeras. La figura de Greta Thumberg emergió por los años de la COP25 Chile-Madrid como el icono de la lucha reclimatizadora de los jóvenes. Se atrevía a hablar en la Asamblea General de la ONU y decir las verdades a los representantes mundiales. Pero pasó un tiempo y los medios de comunicación dejaron de seguirla. También en los colegios, institutos y universidades. Otro tanto le sucedió a Al Gore con su Una verdad incómoda, que incomodó a mucha gente y atrajo las miradas al escaparate climático de la vida por un tiempo. Ya se sabe que los liderazgos individuales tarde o temprano caen, pero seguro que dejan algún rastro. Además, en algunos centros de enseñanza obligatoria, también en la universidad, emergieron iniciativas como Extinction Rebellion, Jóvenes por el clima y otras más minoritarias.

Las transiciones ambientales serán posibles si se produce un cambio de estilo de vida menos gravoso para el clima, que se apoye en la delimitación participada de otros estilos de convivencia. Desde aquella famosa conferencia de Estocolmo las relaciones en el planeta han cambiado mucho; el comercio mundial de la globalización ha hecho más vulnerables a las sociedades.

Para animar el debate sobre el liderazgo escolar serviría la propuesta ACE (Acción para el Empoderamiento Climático) Competencia climática: una propuesta transversal sobre capacidades en Acción por el Empoderamiento Climático que Yayo Herrero, una persona que busca el liderazgo comprometido, elaboró para el Programa Euroclima+ de la Unión Europea.

A destacar también el esfuerzo de bastantes universidades por llevar la sostenibilidad a su gestión y la formación inicial, ejercer su liderazgo.

Los liderazgos compartidos como hipótesis

El número 17 de los ODS, por ahora la utopía global más motivadora, explicita la necesidad de establecer alianzas socioambientales. La globalización de las penurias climáticas lo exige. Desde la Unión Europea, los gobiernos estatales y autonómicos, los ayuntamientos y toda la sociedad deben ser ejemplo y estímulo permanente en las escuelas; reconocer lo que la ciencia dice. Redes como Ciudades por el clima o Alianza por el Clima ya lo intentan. Porque algo hemos avanzado, al menos España ha escalado varios puestos en el Índice de Desempeño Ambiental que elabora la Universidad de Yale; seguramente los liderazgos, compartidos y sin identificar habrán tenido su protagonismo.

Necesitamos algo que podríamos llamar la ética socioambiental de mínimos nos convierta en hacedores de la ciudadanía del futuro. Dado que la emergencia climática es real debe entrar en la escuela y ser objeto de un debate continuado, comprometido y veraz. En este asunto la ideología es global y se equipara a la supervivencia colectiva; nada sectaria. Siempre conviene tender lazos con las ONG ecosociales independientes como Greenpeace, Oxfam, Save the Children, etc. y agencias de la ONU como Unicef, el Pnuma o la FAO. Las universidades deben adaptarse a los nuevos tiempos. Al final, se trata de consolidar una justicia ambiental que sea el núcleo del liderazgo permanente.

Los liderazgos compartidos se consolidan en Proyectos de centro, que construye la comunidad educativa y asumen el profesorado y las familias. Es el caso de ESenRED, toda una apuesta porque el escenario educativo y comprometido facilite el tránsito hacia un medioambiente más amigable con la vida. Su generalización necesita la práctica imprescindible de un liderazgo comunitario para Reimaginar juntos nuestros futuros, como quiere Unesco, máxime después de la COVID-19 y de la guerra de Ucrania.