DYLE Nº 28

La transición de la Educación Secundaria a la Universidad: retos y encrucijadas
Javier Valle López
Laura Vellaz Pérez
GIPES (UAM)
El tránsito de la Educación secundaria a la universidad pasa por lo que algunos consideran la “prueba definitiva de evaluación”, mientras que para otros es el “gran filtro”. Suele conocerse coloquialmente bajo enigmáticas siglas como PAU o EVAU (en España) y Abitur, Bac, CESS, Esame di Stato (en otros países) … Tras cada denominación laten preguntas parecidas: ¿Cómo regular los flujos de estudiantes entre el bachillerato y las carreras universitarias con un sistema equitativo? ¿Quién consigue entrar en la universidad? ¿Qué país tiene un sistema más justo y eficiente? ¿Qué dicen los organismos internacionales al respecto?
El ámbito supranacional
La ONU ha reconocido el derecho de acceder a la educación superior como un derecho fundamental y lo ha hecho explícito en diversos documentos. El primero fue la Declaración Universal de los Derechos Humanos (Asamblea General de las Naciones Unidas, 1948), donde su art. 26 señala que “el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos”. Posteriormente, la Convención de los Derechos del Niño (Asamblea General de las Naciones Unidas, 1959), con mayor peso jurídico, señala en su art. 28 que “Los Estados Parte reconocen el derecho del niño a la educación y, a fin de que se pueda ejercer progresivamente y en condiciones de igualdad de oportunidades ese derecho, deberán en particular: […] c) Hacer la enseñanza superior accesible a todos, sobre la base de la capacidad, por cuantos medios sean apropiados;”.
Por su parte, la propia Unión Europea defiende la igualdad en el título III de su Carta Europea de Derechos Fundamentales (Unión Europea, 2000). Y en 2005 el Consejo de Europa publica el documento The Public Responsibility for Higher Education and Research (Council of Europe, 2005) donde se afirma que:
Es igualmente importante que las autoridades públicas garanticen la igualdad de oportunidades para completar una educación superior de calidad. El beneficio de la igualdad de acceso se reduce muy significativamente si la igualdad de acceso no implica igualdad de oportunidades para completar con éxito la educación superior1 (Council of Europe, 2005, p. 14)
Por otra parte, con el Proceso de Bolonia al crear un Espacio Europeo de Educación Superior (Ministerios de Educación de Europa, 1999) la lógica haría pensar que los procesos de acceso a la educación superior serían más armónicos en todo su territorio. Pero no ha sido así. En 2015 la Conferencia Ministerial que con una periodicidad bienal monitorea el Proceso de Bolonia puso de manifiesto la importancia de un acceso igualitario a la educación superior que todavía no ha llegado.
La realidad está aún muy lejos de eso. Los estados miembros de la UE presentan modelos dispares de acceso a la universidad, contradicciones normativas y, sobre todo, tensiones sociales que rara vez se discuten en voz alta. En estas páginas repasamos el caso de algunos países, empezando por el nuestro y comparándolo con algunos otros como Italia, Francia, Alemania, Reino Unido o Bélgica…
El caso de España
En el caso de España, el acceso a la universidad parece sencillo, basta con que los jóvenes acaben el Bachillerato y superen la PAU. El Ministerio insiste en que la nueva versión del examen de acceso (vigente desde 2024/25) es más competencial, menos memorística, más justa (Ministerio de Educación…, 2020) lo cual no parece ser así del todo (Valle y Vellaz, 2025). En realidad, sigue sucediendo que quienes no consiguen la nota para entrar en la carrera de sus sueños, se quedan en la cuneta de un sistema que promete igualdad, pero que a menudo refleja desigualdades previas. Cabe, pues, un interrogante: ¿cambiar la forma del examen, sin cambiar de fondo el modelo de acceso, hace un sistema más equitativo? ¿No seguimos ante la misma carrera de obstáculos?
La respuesta es clara, el Real Decreto 534/2024, de 11 de junio, sigue fijando los detalles, las comunidades autónomas aportan sus matices y las universidades aplican sus ponderaciones. Una coreografía legal que garantiza igualdad, en teoría… Salvo que no todas las comunidades autónomas preparan igual, como queda reflejado en los currículos educativos específicos de cada comunidad -aunque partan de un curriculum nacional-, y queda recogido en el Preámbulo o el Artículo 6 de la LOMLOE:
La presente ley orgánica, así como la normativa que se dicte en su desarrollo, en aras al respeto de las competencias y singularidades establecidas en la Constitución e incluidas en los estatutos de autonomía de las diferentes comunidades autónomas, habrá de garantizar el orden competencial de cada una de las comunidades autónomas en materia educativa, con especial respeto a la singularidad propia derivada de los derechos históricos de los territorios forales, tal y como reconoce la disposición adicional primera de la Constitución. (Jefatura del Estado, 2020, preámbulo, p. 7)
4. Las enseñanzas mínimas requerirán el 50 por ciento de los horarios escolares para las Comunidades Autónomas que tengan lengua cooficial y el 60 por ciento para aquellas que no la tengan. (Jefatura del Estado, 2020, Art. 6, p. 17)
¿Estamos creando un examen para la “excelencia” o para medir la desigualdad que ya existe?
Para responder puede resultar interesante mirar qué hacen nuestros vecinos europeos y ver qué ideas podemos encontrar fuera de nuestro sistema para avanzar hacia un acceso universitario más justo; ya no solo en cómo se pregunta o selecciona, sino también en cómo se prepara y acompaña.
Título, acceso y coste
En el caso del acceso, en Italia y Francia se pasa por un proceso muy parecido al que viven los estudiantes españoles ya que incluye un examen.
Aunque, en Italia, el llamado Esame di Stato es más retador que su vecino español, ya que, a diferencia de este último, cuenta con las siguientes fases (Eurydice, 2024a):
- Dos pruebas escritas: la primera de ellas de conocimiento nacional en italiano, y la segunda centrada en comprobar la adquisición de los saberes curriculares básicos durante la educación básica.
- Una entrevista disciplinar. Primer cambio notorio con nuestro proceso de selección, pues los candidatos tienen que demostrarle a un tribunal, de 3 examinadores internos y 3 examinadores externos, con una presentación o un informe su experiencia en programas de orientación.
Aunque más desafiante, puestos a tener que realizar una prueba, ¿no da más oportunidades a los estudiantes para demostrar su valía y facilita la nivelación del cupo de las carreras más demandadas? Además, otro punto a su favor es su coste de inscripción que no supera los 12,09 € por candidato (Ministerio dell’Instruzione e del Merito, s.f.) a diferencia de los 93,02€ de la fase obligatoria de la PAU que han de costearse las familias de la Comunidad de Madrid para que sus hijos e hijas tengan la oportunidad de alcanzar la carrera que quieren (DECRETO 43/2022).
De la misma manera, en Francia resuena “con el Baccalauréat se accede a la universidad” como mantra oficial. Y es verdad: el Bac, es decir, el examen nacional que se realiza al final de la educación secundaria otorga el derecho legal a estudiar en la enseñanza superior (Eurydice, 2023). Al igual que el examen italiano, el Bac francés incluye pruebas escritas y orales en 4 diferentes materias desde 2021 y es supervisado por un jurado (Eurydice, 2023).
Por otro lado, en el Reino Unido, no hay una “selectividad” como la española ni un examen nacional como el francés o el italiano. La puerta de entrada a la universidad se abre de otra forma: a través de los A-Levels, las titulaciones que los estudiantes cursan entre los 16 y los 18 años y que se han convertido en la moneda de cambio académica del sistema británico (Hodgson y Spours, 2003; UCAS, s.f.). Los A-levels pertenecen al Nivel 3 del Marco Nacional de Cualificaciones (RQF) y son el título habilitante estándar para acceder a la educación superior (Gobierno de Reino Unido, s.f.; Department for Education, s.f.). El rendimiento en estos cursos se evalúa con exámenes finales y se traduce en calificaciones de la A+ (máxima) a la E. A diferencia del modelo español, no hay una prueba única, cada universidad establece su combinación ideal de asignaturas por grado (Hodgson y Spours, 2003; Department for Education, s.f.).
El problema es que la meritocracia británica tiene su coste literal. Los A-Levels no son gratuitos para todos: aunque las escuelas públicas cubren la formación básica, los estudiantes independientes o quienes repiten exámenes deben pagar tasas que oscilan entre las 85 y 280 libras por examen, a lo que se suman los costes de matrícula o tutoría privada.
Ahora bien, aunque podría parecer que hacer un examen para llegar a los estudios superiores prima como pasado crucial en el continente europeo, nada más lejos de la realidad. Si revisamos los métodos de acceso de países como Alemania o Bélgica queda claro que se impone una corriente de acceso “libre” a los estudios superiores. Sin exámenes, sin tasas y con vías alternativas de acceso. ¿No suena tentador?
En Alemania todo parece claro: el Abitur es la llave universal (Eurydice, 2025). Así, el título de secundaria superior les abre a los estudiantes automáticamente las puertas de la universidad. El Allgemeine Hochschulreife garantiza el derecho de acceso y le da prestigio como credencial (Eurydice, 2025). En Bélgica, terminar la secundaria con el CESS (Certificat d’enseignement secondaire supérieur), el título expedido al completar la enseñanza secundaria, debería significar acceso directo a la universidad, aunque hay algunos inconvenientes (Eurydice, 2024b). Un modelo abierto, democrático, sin barreras -sin notas de corte generales-. Solo en sectores muy demandados, como en el resto de los países, existen pruebas, he ahí los inconvenientes.
Mecanismo de selección
El propio proceso de acceso italiano ya es parte del mecanismo de selección, pues dependiendo de la carrera a la que quieras acceder te puedes encontrar con otro filtro de parte del estado que busca asegurar que solo lleguen los mejores a dichas carreras: una 3ª prueba escrita de especialidad (Eurydice, 2024a).
En el caso de Reino Unido, aunque no hay una prueba nacional única, cada universidad establece su combinación ideal de asignaturas y notas mínimas para cada grado. Por ejemplo, Ingeniería puede requerir A-Level en Matemáticas y Física, mientras que Derecho puede valorar más Historia o inglés (Hodgson y Spours, 2003). ¿Y cómo saben las Universidades quién tiene prioridad? A través de UCAS, se transforman estas notas en puntos de la UCAS Tariff (UCAS, s.f.), un sistema que les permite calcular si un estudiante cumple los requisitos de entrada a cada programa y su posición antes de las entrevistas.
En Francia también utilizan una plataforma digital para realizar estos procesos, el Parcoursup2 (Ministère de l’enseignement supérieur), en activo desde 2018, reemplazando al antiguo sistema de Admisión Post-Bac. Cada año, entre enero y marzo, los alumnos del último curso de lycée (equivalente a 2.º de Bachillerato) se registran, crean su perfil y pueden seleccionar hasta 10 estudios superiores, más subopciones (sous-vœux) (Eurydice, 2023; Ministère de l’enseignement supérieur, 2018). Cada universidad o escuela revisa los expedientes de los aspirantes enviados por los centros de secundaria y aplican sus criterios públicos de selección. Estos se incluyen en el Parcoursup que clasifica las candidaturas y distribuye las plazas, lo que produce una coordinación nacional, pues evita duplicidades y asignaciones caóticas (Eurydice, 2023).
Mientras tanto, Alemania, aunque parece el más flexible genera angustia a sus candidatos, ya que hay una pequeña dificultad para algunos estudiantes. Dependiendo del grado aparecen los famosos numerus clausus, mejor conocidos como limitaciones del número de plazas disponibles en determinadas carreras (Eurydice, 2025). Por ello las universidades en grados específicos optan por elevar las notas de expediente para el acceso o, incluso, realizar entrevistas o pruebas específicas a los aspirantes.
Vías alternativas
Ahora bien, realizar exámenes o tener que realizar obligatoriamente lo equivalente al bachillerato en España no es la única opción. Algunos de nuestros vecinos cuentan con otras vías de acceso a los estudios superiores.
En España, aunque la mayoría de los estudiantes accede a la universidad pasando por la PAU (Real Decreto 534/2024, de 11 de junio), se contemplan varias vías alternativas para quienes no siguen esa ruta o buscan flexibilidad. Una de las opciones más reconocidas y realizadas es el acceso con el título de Técnico Superior de Formación Profesional, que permite ingresar a los grados universitarios (Real Decreto 412/2014, de 6 de junio). También queda regulada la prueba de acceso para mayores de 25 años y la prueba adaptada para mayores de 45 años -aunque los cupos para esta modalidad son reducidos- (Real Decreto 534/2024, de 11 de junio), entre otras.
Por ejemplo, en Alemania, el Abitur no es la única forma con la que cuentan los alemanes de acceder a la educación superior. Desde 2009, los Länder (estados federados que componen Alemania) acordaron abrir otra vía: si eres un solicitante vocacionalmente cualificado – maestros artesanos, técnicos, personas con cualificaciones profesionales en una ocupación comercial o financiera, etc.- aunque no cuentes con una cualificación de acceso obtenida en la escuela, tienes acceso a la universidad (Eurydice, 2025).
El sistema británico también se enorgullece de su flexibilidad; no todos siguen la ruta perfecta del estudiante “modelo”. Hay quienes dejaron los estudios por trabajo, familia o simple desinterés juvenil, pero el sistema británico tiene una particularidad que lo distingue: no cierra la puerta a quien decide volver a intentarlo. Los T Levels (titulaciones técnicas de dos años con prácticas profesionales) – lo equivalente a nuestra FP de Grado superior- o los Access to Higher Education Diplomas (QAA Recognition Scheme for Access to Higher Education, 2020)3, están pensados para adultos sin formación previa, que también permiten alcanzar la universidad (QAA Recognition Scheme for Access to Higher Education, 2020). Estos últimos son programas intensivos de un año diseñados para adultos sin cualificaciones previas que desean entrar en la universidad, siendo equivalentes a los A-Levels, y permiten progresar directamente hacia estudios de grado. Está pensado para mayores de 19 años que quieren dar un giro a su vida profesional o personal. Personas que, por cualquier razón, no pasaron por el camino clásico hacia la universidad, pero que ahora quieren cursar estudios superiores (QAA Recognition Scheme for Access to Higher Education, 2020).
Cada centro que imparte este programa define sus propios criterios de entrada, pero todos siguen la guía de la QAA (2020):
- Demostrar competencias básicas en inglés y matemáticas,
- Acreditar motivación y madurez para cursar estudios exigentes,
- y, en muchos casos, participar en una entrevista personal o carta de motivación donde se exponga por qué desean estudiar.
Por su parte, en Bélgica, entrar en la universidad no es una carrera de obstáculos, sino casi un derecho, por lo que aparte del CESS, existe un “jury” oficial de acceso, así como programas de Promoción Social y la Validación de Experiencia (VAE), que permiten a adultos sin título demostrar sus competencias y alcanzar la universidad por otras vías (Eurydice, 2024b).
Entonces… ¿Qué puede aprender España?
España se mantiene en una encrucijada educativa. Los jóvenes de 20 años siguen estudiando y pasan a la educación superior, pero su acceso ya no pasa necesariamente por la universidad necesariamente; se ha producido un cambio de tendencia. Mientras la matrícula universitaria ha caído un punto porcentual, la de formación superior no universitaria —como la Formación Profesional de Grado Superior o las enseñanzas artísticas— ha crecido en 2,4 puntos (MEFPD, 2025).
Gráfico 1: Variación en la tasa de escolarización en la tasa neta de escolarización en Educación superior no universitaria en España

Nota. Elaboración propia a partir de: Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes. (2025). Sistema Estatal de Indicadores de la Educación (SEIE 2025), p, 32.
Gráfico 2: Variación en la tasa de escolarización en la tasa neta de escolarización en Educación superior universitaria en España

Nota. Elaboración propia a partir de Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes. (2025). Sistema Estatal de Indicadores de la Educación (SEIE 2025), p. 32.
Este cambio refleja una diversificación de los caminos de especialización educativa, en la que la universidad deja de ser el único camino hacia la cualificación profesional, mientras la formación técnica y aplicada gana peso y prestigio.
Gráfico 3: Importe anual de la matrícula de grado a estudiantes nativos de los países miembros de la Unión Europea

Nota. Elaboración propia a partir de: European Union. (2025). National Student Fee and Support Systems in European Higher Education: 2023/2024.
También puede que, aparte de la famosa PAU o EVAU, el coste de la universidad esté dando lugar a este cambio de elección entre los jóvenes; pues España se encuentra dentro de los países con el precio más elevado de la Unión Europea a la hora de ingresar a los estudios universitarios (European Union, 2025). En el siguiente gráfico se puede observar que países como Alemania o Francia sitúan el coste de los estudios universitarios a un nivel más accesible que España.
Con esta información, resulta necesario preguntarse si todos los estudiantes gozan realmente del mismo derecho a seguir sus metas cuando estas pasan por cursar una carrera universitaria. Como se ha mencionado, en el caso de España, las condiciones no son las mismas en las diferentes partes del territorio, por lo que cabe cuestionarse si el principio de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (Asamblea General de las Naciones Unidas, 1948), que reconoce la educación como un derecho fundamental, y reafirmado posteriormente en la Declaración de los Derechos del Niño (Asamblea General de las Naciones Unidas, 1959), cuyo artículo 28 busca garantizar una educación accesible y equitativa para todos, se está cumpliendo en España como en otros países vecinos.
Por ello, en los próximos años, el reto será decidir qué se entiende realmente por “igualdad de oportunidades”. Porque no bastará con cambiar el tipo de preguntas del examen si las condiciones para prepararlo —centros, profesorado, recursos, entorno familiar— siguen siendo tan desiguales y el sistema se resiste a cambiar. En este contexto, España podría evolucionar hacia un sistema de acceso más equilibrado basado en la confianza en el proceso educativo y la apertura de vías alternativas (como en el caso de Alemania, Bélgica y Reino Unido) y realizando evaluaciones más completas, con entrevistas y pruebas que valoren las competencias reales y no solo memorísticas (como sucede en Italia y Reino Unido).
El futuro del acceso universitario en España pasa no por eliminar la PAU, sino por repensarla no como un filtro, sino como un puente para el crecimiento personal y académico de cada uno de los estudiantes, reconociendo su esfuerzo y su diversidad.
1 it is equally important for public authorities to ensure equal opportunity in completing quality higher education. The benefit of equal access is very significantly reduced if equal access does not imply equal opportunities in successfully completing high education.
2 https://www.legifrance.gouv.fr/jorf/id/JORFTEXT000037086406
3 https://www.qaa.ac.uk/docs/qaa/guidance/access-diploma-specification-20.pdf?sfvrsn=aeb3cb81_4
