DYLE Nº 28

La sociedad de la desconfianza
Agustín Chozas Martín
Inspector de educación y profesor jubilado de la UCLM
VICTORIA CAMPS
Ed. Arpa, Barcelona,2025
En tiempos de incertidumbre, convertida en propaganda también para incrementar el miedo y la preocupación sociales, el libro de la profesora Victoria Camps es aire limpio, un trabajo analítico, propositivo, de salidas del desasosiego y una mirada a la esperanza y al valor de las virtudes y de la humanización de la vida.
Ante una civilización que se tambalea y que ha cuidado mal sus legados, V. Camps reafirma lo indispensable de la convivencia, de la necesidad ineludible del llevarse bien en la línea de una ingente tradición del pensamiento europeo, Hobbes, Kant o I. Berlín. Y su análisis discurre desde las bases de la convivencia, de la sociedad fundada en la cooperación y la participación y en la rica tradición griega del demo y el ethos y en la urgencia de recuperar el “tenerle fe “al bien común.
El reverso de esta propuesta es fácil encontrarlo en los demagogos de las libertades absolutas (libertarismo), del liberalismo identificado con un voraz individualismo, alejados tanto del sentido de la responsabilidad moral como de la necesaria coalición entre libertad y bien común.
A partir de aquí, el libro aborda el reto de cómo superar la desconfianza y armarse de recursos con el individualismo grosero, contra una economía contra el bien común, contra la irresponsabilidad y contra el desconcierto que provoca la sublimación del tener sobre el ser, de la flojedad del deber y la superficialidad reinante abiertamente en contra de la ética de las virtudes. Es preciso reconstruir la vida buena y encarar el conflicto, la desidia y la debilidad moral en favor de la interdependencia y la universalidad de los derechos humanos.
Sobra añadir que resumir la densidad de las propuestas de la profesora Camps, sus referencias a la bioética, el cuidado de la salud, el desgaste de la soledad no deseada por contraste con la soledad positiva, los derechos al cuidado y los estragos del capitalismo en un mundo solidario merece una disculpa por parte de quien esto escribe.
Capítulo singular merece un tema tan propio de nuestra revista DyLE como el que Victoria Camps denomina “desconcierto educativo” provocado por las debilidades éticas de tantas fórmulas de comunidad, la invisibilidad del profesorado, la frágil creencia en la propia educación y en la apuesta por enseñar a ser libres.
Educar, entre otras muchas exigencias, es defenderse de una economía con la ansiedad del consumo a cuestas, con los falsos valores del mercado y de las redes, con la voracidad de la riqueza, compendio insufrible y lejos de la inseparabilidad de educación y responsabilidad moral. El capítulo dedicado a la inclusión tiene una singularidad de tratamiento más que valioso para educadores.
Desde las sociedades complejas, E. Morín, líquidas, Bauman, o las denominadas del riesgo, del cansancio y de los intereses se consolida una desigualdad radical, lejos de la justicia distributiva, con la envoltura ya habitual de la falta de transparencia y con el lenguaje maltratado.
La propuesta final del libro puede resumirse en una reafirmación de la convivencia, del sentido de la moral y la justicia, de la urgencia de un nuevo contrato social, de luchar contra el miedo (inducido) a la libertad y positivar la democracia, la humanidad de los derechos y recuperar tanto el ejercicio de la responsabilidad como de la interdependencia solidaria.
Para acabar, el libro de Victoria Camps bien se merece el agradecimiento de todos los componentes de las comunidades educativas por su rigor y generosidad a la hora de compartir.
