Revista sobre educación y liderazgo educativo DYLE Nº 17

DYLE Nº 17

Monográfico

La humanidad, ojos del universo

Federico Mayor Zaragoza

Introducción de José Manuel Cabada Álvarez

Intentar resumir el currículum de una personalidad como Federico Mayor Zaragoza ocuparía un número completo de la revista, tanto por el valor incuestionable de su trayectoria científica y académica como por su brillante trayectoria como gestor y político nacional e internacional.

Pero sobre todo, su semblante de hombre honesto, de voluntad incansable en la lucha por los derechos humanos y comprometido con el avance científico y ético de la sociedad de los siglos XX y XXI lo convierten en una de las figuras internacionales y nacionales más significativas de nuestro tiempo.

En una época caracterizada por la pobreza de las convicciones, el convencimiento del Dr. Mayor Zaragoza en el poder transformador de la educación y su apuesta por el valor de la palabra como instrumento de paz, hacen de él un líder en el trabajo por la paz, la educación, la democracia y los derechos humanos.

Recojo algunas vivencias, frases y anécdotas que pueden ayudarnos a conocer un poco más a fondo la biografía de uno de las personas que tienen un espacio reservado en la historia contemporánea mundial.

En los Derechos Humanos

Después de haber sido elegido por aclamación presidente de la Conferencia Mundial sobre Acciones y Estrategias para la Educación, Prevención e Integración, organizada por la UNESCO y el Gobierno de España, la noche anterior a la clausura y después de la cena oficial, continuamos trabajando y a altas horas de la madrugada D. Federico recogió todos los papeles y se fue a su habitación. Al día siguiente presentó la Declaración y las conclusiones refrendadas por la Conferencia. Su Majestad la Reina Sofía, que presidía la Conferencia, le encomendó que las llevara a la Asamblea General de la ONU; salió hacia Madrid para cambiar la maleta y tomar el avión a Nueva York

Estos documentos sirvieron para la aprobación del Plan de Acción Mundial para las Personas con Discapacidad para el decenio 1983-1992, que se prolongaron con las Normas Uniformes sobre la Igualdad de Oportunidades para las personas con discapacidad en 1993 y que culminaron con la Convención de los Derechos Humanos de las personas con discapacidad, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2008 y ratificada por la mayoría de los países del mundo.¡¡ ¡60 Años después de la Declaración de los Derechos Humanos, se aprobaban los derechos de la mayor minoría del mundo¡¡¡ Y mucho se debe a aquella Conferencia Mundial en Torremolinos y a Federico Mayor Zaragoza .

En Educación

Como impulsor de una educación viva y transformadora, Federico Mayor Zaragoza como Presidente de una Comisión de Docentes de todo el mundo, encargó a Jacques Delors, en 1992, como iba a ser la educación del siglo XXI y surgió el aprender a conocer, a hacer, a ser, a vivir; y Federico Mayor Zaragoza añadió “aprender a emprender”, pero no a los emprendedores que algunos nos quieren programar ahora, sino para ciudadanos conscientes, comprometidos y solidarios. Dice don Federico que la educación debe basarse en las experiencias de los docentes y en los principios establecidos en las instituciones bien acreditadas en pedagogía e investigación pedagógica, en vez de atender a las sugerencias de organizaciones especializadas en las dimensiones económicas y las finanzas, y se puede añadir también a los” enterados” y a los idearios políticos cortoplacistas.

“La ley Wert se ha hecho sin consultar a los que saben de educación, que son los profesores” Pero ya lo decía Giner de los Ríos” dadme al maestro y os abandono el edificio, las instalaciones, la organización, todos los programas… y todo lo demás.

Admirador de los maestros, más de las maestras, dice de María Soriano, en el Libro homenaje, CEPE, 1992: “en su labor, el amor es indispensable, pero no suficiente. El conocimiento es, asimismo, indispensable pero no suficiente. Se requiere este don de la alteridad consciente y cualificada. Don que no es regalo de la naturaleza, no es facultad ingénita sino fraguada día a día, hecha y rehecha, conquistada, adquirida a fuerza de dedicación y desprendimiento. Dar no basta en tan delicados menesteres, es preciso darse”

Por ello, este eminente profesor define la educación como acompañar, como compartir. Hay que acercarse a cada persona única. Con los avances científicos recientes, pero también con la experiencia acumulada y el buen sentido. También por eso resalta la importancia del contexto familiar y social y también por eso reclama que no hay que abordar la educación solo desde el alumno sino también desde la responsabilidad de toda la sociedad.

“El futuro de un país depende de la calidad educativa, y la calidad educativa se logra con menos alumnos por aula, con un gran sistema de formación permanente del Profesorado y con una gran relación entre padres y tutores”.

“Que recorten en ciencia, en sanidad, educación o justicia es un error porque de eso depende el futuro de España y el futuro de España no depende de que los niños aprendan más inglés o más matemáticas”

En la escucha

En Burkquina Faso, como Director General de la UNESCO, presidía una misión, en una escuela. Observó que una maestra sonreía e incluso se reía de lo que los expertos le estaban proponiendo; al terminar Don Federico se le acercó y le preguntó la razón de su risa, y ella riéndose todavía más, le decía que le hacía mucha gracia que a ellas que llevaban tanto tiempo y con tanto interés trabajando, vinieran unos señores de fuera, y que no las conocían, ni tampoco lo que hacían, y les vinieran a decir lo que tenían que hacer y cómo. Escuchó y aprendió; al llegar a París reunió a todos los equipos y cambió los programas de ayuda a” por programas a la escucha de”, primero en África y después en otros continentes y países.

A nivel personal, creció con la escucha a referentes como Santiago Ramón y Cajal, Rosa Parks, Nelson Mandela, Gorbachev… y aprendiendo de citas, de otros de quienes vale escuchar para aprender.

Dice Don Federico de su buen amigo Gabriel García Márquez que como buen maestro le enseñó además de escuchar, a mirar, que cuando le preguntó como escribía esas historias tan fabulosas, Gabo le contestó “voy a esa taberna chiquita en Cartagena de Indias, y escucho lo que allí se habla y tomo notas”

En el futuro que es presente

El Preámbulo de la Carta de las Naciones Unidas” Nosotros los pueblos… resolveremos evitar a las generaciones venideras el horror de la guerra”. Carta de la Tierra: “ser ciudadanos del mundo es com-partir, com-padecer, con-vivir y des-vivirse por los demás. “

Prioridades del planeta: alimentación, acceso al agua potable, salud, medioambiente, educación y paz.

Todo bajo unas Naciones Unidas refundadas, representativas con Consejos de Seguridad sin vetos, Consejos Socioeconómicos, Consejos Medioambientales…

El promover y defender los derechos de los más desfavorecidos indica el índice de desarrollo democrático de un país y Federico Mayor lo lleva a la democracia y a la ciudadanía activa “nosotros los pueblos” “queremos contar, que no nos cuenten” “no somos súbditos, sino ciudadanos”, ”alcemos la voz en un gran clamor” ”no podemos tolerar que 85 personas posean una riqueza equivalente a tres mil millones de personas, la mitad de la humanidad” ”no podemos tolerar que miles de niños de 1 a 5 año mueran cada día, por falta de alimentos y enfermedades, cuando se gastan 3.000 millones de dólares al día, en equipamiento militar y armas”

Con motivo del fallecimiento de Gorbachew, publicó un artículo lúcido en medio de la falta de rigor de muchos publicados, decía ”el muro de Berlín se desmoronó porque un sistema basado en la igualdad se había olvidado de la libertad. Ahora el sistema alternativo se desmoronará también porque basado en la libertad, se ha olvidado de la igualdad y ambos de la justicia” En 2016, Gorbachew, desde Moscú se unió a la campaña que patrocinaba el Internacional Pace Bureau en Ginebra que planteaba conseguir el 10% de las colosal inversiones diarias en armas y gastos militares para el desarrollo. Se firmó en Berlín con muchos apoyos, entre ellos el Papa Francisco, pero como suele suceder en los medios de “la Voz de su Amo”, no tuvo repercusión.

En sus escritos y reflexiones

En sus ensayos está su pensamiento y llamadas a la acción: Un mundo nuevo, Los nudos gordianos, Mañana siempre es tarde, La nueva página, Memoria del futuro, La palabra y la espada, La fuerza de la palabra, Tiempo de acción, Delito de silencio, Inventar el futuro.

¿Y la poesía? ¿Con tanta actividad y publicaciones, hay tiempo para la poesía? Puede que la poesía sea el sustento de todo: A contraviento, Aguafuertes, El fuego y la esperanza, Terral, Alzaré mi voz. En pie de paz

Proviene de las tierras del Ebro, este barcelonés, catalán, español, europeo, pero sobre todo ciudadano del mundo; de los ciudadanos del mundo más reconocidos por lo que dice, lo que escribe y lo que hace, de quién su amigo José Saramago dijo ”Federico Mayor Zaragoza cree en la fuerza de la palabra, es de fiar, sigámosle”

El 23 de octubre, en un lugar tan emblemático como Santiago de Compostela, D. Federico Mayor Zaragoza se dirigió a los asistentes de las XXIX Jornadas Estatales de FEAE, con unas palabras de reconocimiento a los 40 años de labor del Foro que pueden ver en este vídeo y en el que tuve el placer de leer el manifiesto que nos envió para la clausura de las XXIX Jornadas Estatales de FEAE y que mostramos a continuación.

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Ahora que tenemos conciencia global, medios para expresarnos con libertad irrestricta y un porcentaje proporcionalmente mayor de mujeres en la toma de decisiones, debemos descubrir e inventar nuevos caminos y esclarecer los sombríos horizontes actuales, para que el legado que debemos dejar a los que llegan a un paso de nosotros esté a la altura de la dignidad humana. Cada ser humano capaz de crear, nuestra esperanza.

Ciudadanos del mundo, con una “nueva mirada” para abarcar la Tierra entera, libres y responsables, protagonistas y beneficiarios, para llevar a cabo, sin delaciones, las acciones cotidianas que pueden enmendar las sombrías proyecciones que vivimos. No es posible continuar con más informes y diagnósticos. Ha llegado la hora de los tratamientos a tiempo, antes de que se alcancen puntos de no retorno.

Hemos entrado en una nueva era en la que los seres humanos ya no vivirán confinados territorial e intelectualmente; en que la longevidad procurará una formidable experiencia que debe ser plenamente utilizada; en que los jóvenes, conocedores de la Tierra, con conciencia y ciudadanía global, contribuirán con su imaginación y su impulso a hacer realidad, por fin, los cambios radicales que, enfrentados por primera vez en la historia a procesos potencialmente irreversibles, son apremiantes. La inercia es el gran enemigo.

Como magistralmente se define en el artículo primero de la Constitución de la UNESCO, la educación significa ser “libres y responsables”. Personas que actúan en virtud de sus propias reflexiones y no al dictado de nadie; que son conscientes de sus derechos y de sus deberes; que aplican plenamente a escala personal, local, regional y mundial los “principios democráticos”, el único contexto en el que pueden ejercerse sin cortapisas los derechos humanos. Es apremiante fomentar ser “libres y responsables” para que no se mantengan sumisos y dependientes un elevado porcentaje de ciudadanos, que ahora ya disponen de tecnologías que les permiten levantar la voz y hacerse oír. El clamor popular es inaplazable.

En el Informe para la Educación en el Siglo XXI que encomendé al Presidente a la sazón de la Comunidad Europea, Jacques Delors, a principios de la década de los noventa, fruto del trabajo de una gran Comisión integrada por profesores de todos los grados, pedagogos, sociólogos, filósofos, etc. se proponen cuatro «avenidas» principales para el proceso educativo: aprender a ser; aprender a conocer; aprender a hacer; aprender a vivir juntos. De todas ellas quiero destacar “aprender a ser”. “La educación es, escribió hace más de un siglo D. Francisco Giner de los Ríos, dirigir con sentido la propia vida”. Sí, aprender a utilizar estas facultades distintivas y desmesuradas de la especie humana: pensar, imaginar, anticiparse, ¡crear! A las “avenidas” de la Comisión de Jacques Delors añadí “aprender a emprender”, ya que —lo he comentado muchas veces— recuerdo que después de una estancia larga en el Departamento de Bioquímica de la Universidad de Oxford, en cuyo emblema del condado figura la frase de “Sapere aude”! (atrévete a saber!), cuando regresaba a España pensé que junto a atreverse a saber hay que saber atreverse, ya que si el riesgo sin conocimiento es peligroso el conocimiento sin riesgo es inútil

No se debe olvidar la importante distinción entre educación y capacitación. La capacitación varía a veces de forma sustantiva, fijando el progreso en la adquisición de nuevos conocimientos. En cambio, la educación no se basa en aptitudes, sino en actitudes, es decir, el seguimiento de unos principios intransitorios que se derivan de las facultades exclusivas de la condición humana. Ambos no tienen más exigencias comunes y permanentes que la calidad y el rigor, donde no caben parcialidades, sesgos ni geometrías políticas.

El mayor logro alcanzado para asegurar un futuro sostenible ha sido, en los últimos tiempos, hacer posible, tanto a escala personal como colectiva, una conciencia global sobre el estado de la Tierra como patrimonio común de toda la humanidad. A través, sobre todo, de la educación en sus distintos grados, pero también por el impacto de los informes elaborados por la comunidad científica y académica así como por las Naciones Unidas, se ha conseguido difundir el sentimiento de una auténtica emergencia planetaria, por el progresivo deterioro ambiental, al tiempo que se fomenta la implicación de los ciudadanos, que no deben permanecer como testigos impasibles sino que tienen que aportar su contribución, por pequeña que sea, a paliar la situación presente y evitar, en toda la medida de lo posible, ulteriores agravamientos.

A través de la educación y de la información existe ya una conciencia a escala planetaria de que debemos entre todos conservar esta auténtica maravilla que es la naturaleza… pero no hemos logrado la implicación, la involucración ciudadana que es absolutamente imprescindible. Y que conste que ahora, por primera vez, existe la posibilidad de participación no presencial, a través de la moderna tecnología de la comunicación. Ya no hay excusa: las instituciones científicas y académicas, las universidades, etc., no pueden seguir calladas, contemplando la degradación medioambiental y aceptando las mentiras que, durante tanto tiempo, han intentado confundir a la gente, minusvalorando el cambio climático y la producción de gases con efecto invernadero, porque estaban al servicio de las grandes corporaciones internacionales de combustibles fósiles.

La participación ciudadana ha sido siempre muy reducida y la voz de la gente, por su bajo tono habitual, ni oída ni escuchada. Ahora, en cambio, ya son muchos los que pueden pasar de súbditos a ciudadanos plenos y devenir visibles, identificables, intrépidos, insumisos. La educación es fundamental para allanar el camino de la nueva era, la era de la gente.

Como científico especializado en procesos potencialmente irreversibles — alteraciones metabólicas del neonato que cursan, si no se tratan a tiempo, con grave y permanente deterioro neuronal— escribí en 1984 mi primer ensayo titulado Mañana siempre es tarde. En los últimos años he reiterado, con apremio creciente, la alarma que reclama el análisis riguroso del conocimiento científico adquirido sobre la sucesiva pérdida de calidad de la habitabilidad de la Tierra y, en particular, sobre el cambio climático.

Hasta hace poco la voluntad de cambio ha sido únicamente destellos en una trayectoria de la humanidad caracterizada por un poder absoluto masculino, en que los seres humanos han sido invisibles, anónimos, silenciosos, atemorizados, sumisos… Pero ahora, por primera vez en la historia, la humanidad tiene conciencia global, contempla el conjunto, en todas las dimensiones del planeta Tierra, y se da cuenta de que el por-venir está por-hacer. Y que es posible inventarlo, como manifestó el Presidente John Fitzgerald Kennedy en su extraordinario discurso en Washington el 23 de junio del año 1963: “Dicen que el desarme y la paz son objetivos inalcanzables. Demostraré que son factibles, porque no hay ningún desafío que se sitúe más allá de la capacidad creadora de la especie humana”.

En la era digital, de la interacción rapidísima por correo electrónico y por mensajes telefónicos, de los “chat”,… cuando el arte epistolar, pausado, pensado, va siendo sustituido progresivamente por la comunicación verbal y “sintética”, no sólo ahorrando palabras sino letras en cada palabra, es más necesario que nunca contar con los asideros que, frente a tanta confusión y fugacidad, representan los escritos, los textos, los libros.

Articular lo ocasional, las expresiones escuetas o los contenidos que conducen a la reflexión, constituye una solución adecuada porque asume lo inevitable pero no renuncia a forjar actitudes plenamente humanas, es decir, comportamientos basados en la propia voluntad, consecuencia a su vez del ejercicio de la facultad de pensar, de imaginar, de crear, distintiva de la especie humana.

Elaborar nuestras respuestas a las distintas preguntas (incluidas las esenciales) y saber argüir en su favor. Y, para ello, toda sensación, impresión, reacción influyen, pero lo realmente importante, porque deja “poso intelectual”, cognitivo, procede del pensamiento, al que tanto contribuye la lectura.

En nuestro tiempo, de una aceleración creciente, en el que la inercia del pasado puede imponerse precisamente porque no hay tiempo para meditar, para observar, es esencial lograr sustituir la fuerza por la palabra y, para ello, es imprescindible la expresión clara del pensamiento, de las emociones. Por fin, la fuerza de la palabra en lugar de la fuerza de las armas. Tenemos que aprender a rescatar las palabras clave, a conservar su pleno significado,… y, como sucede con todo, las palabras no existen si no se las pronuncia.

Es necesaria e inaplazable la adopción de medidas correctoras para evitar situaciones que marcarían históricamente la incapacidad y oprobio de los actuales pobladores de la Tierra que no supieron cumplir con sus responsabilidades intergeneracionales.

Hace ya mucho tiempo –en 1947— la UNESCO creó la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCM), y puso luego en marcha los programas internacionales geográfico (IGP), hidrológico (IHP), oceanográfico (COI), el “Hombre y la Biosfera”, las Reservas de la Biosfera… Aurelio Peccei, fundador del Club de Roma, ya advirtió en 1971, en Los límites del crecimiento la necesidad imperiosa de adaptar el crecimiento a las exigencias de un mundo finito. Y la Academia de Ciencias de los Estados Unidos alertó al mundo, en 1979, sobre las excesivas emisiones del CO2 y la agresión a la capacidad de recaptura por parte de los océanos — “pulmones de la Tierra”— debido a que el lavado de los fondos de los tanques petroleros en alta mar en lugar de hacerlo en las instalaciones portuarias adecuadas, asfixiaba el fitoplancton, cuyo papel es esencial para transformar en hidrocarburos el anhídrido carbónico… Y en la década de los 80, la Comisión presidida por la Primer Ministra de Noruega, Gro Harlem Brundtland, estableció que el desarrollo debía ser “sostenible” además de integral y endógeno, para poder asegurar, produciendo de nuevo lo que se consume, una estabilidad suficiente de las características ambientales terráqueas. Y Maurice Strong ya había contribuido a la fundación del Programa Medioambiental de las Naciones Unidas (UNEP) y fue luego el gran impulsor y Secretario General de la “Cumbre de la Tierra”, celebrada en Río de Janeiro en 1992, de la que salió la “Agenda 21”. Y el Panel de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático… y la Cumbre de la Unión Europea en Lisboa en el año 2000, que propuso una economía basada en el conocimiento para un desarrollo global sostenible y humano, que sustituyera a la actual economía de especulación, deslocalización productiva y guerra (4 mil millones de dólares al día en armas y gastos militares, al tiempo que se mueren de hambre más de 20,000 personas!)…

Y, ya más cerca, la recomendación expresa del Papa Francisco y del Presidente Obama, los Acuerdos de París sobre Cambio Climático y los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para el período 2015-2030. Parecía que, por fin, gracias a las Naciones Unidas, se había conseguido que los países se dieran cuenta de que era imprescindible actuar sin demora… a pesar de las objeciones que llegaban de los omnívoros “mercados” (poder mediático incluido).

Poco duró el respiro de satisfacción que miles de millones de seres humanos (algunos con plena conciencia, otros sin apercibirse) pudieron experimentar. El insólito Presidente Trump dijo que NO a los ODS y a los Acuerdos de París… y, obedientes, sumisos, los países de los grupos plutocráticos (G7, G8….) no sólo asumieron aumentos considerables en las inversiones militares y de armamento, sino que -¡qué indecencia!- sino eliminaron de las agendas de los encuentros el cambio climático y los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

“NOSOTROS, LOS PUEBLOS…” DEBEMOS REACCIONAR. Ahora ya podemos expresarnos. Debemos reaccionar y hacerlo masivamente, en grandes clamores populares.

Debemos anunciar y proclamar que la humanidad ya no puede ser boicoteada por ningún Presidente o ningún grupo supremacista y plutocrático (G6, G7, G8 o G20), afectando de manera irreversible el futuro de los seres humanos en su conjunto. La humanidad está más allá de las fronteras y su presidentes y no permitirá nunca más que unos gobernantes miopes y amilanados adquieran más aviones para incrementar el poder de unos cuantos, hundiendo al mundo en su conjunto -ellos también- en una situación irreparable. La humanidad somos todos y no se puede tolerar que unos cuantos intereses puramente materiales pongan en peligro la convivencia y la calidad de vida, una vida digna de todos los habitantes de la Tierra.

Ha llegado el momento de no tolerar ni un día más estas irresponsables actuaciones. Ha llegado el momento de los pueblos, liderados particularmente por las instituciones de educación superior, científicas e intelectuales. ¡La voz del pueblo! En otro caso, delito de silencio.

Escribí hace unos años: “solo conscientes, solos ojos / sabedores / los de cada ser humano, / físicamente insignificante, / biológicamente vulnerable y putrescible, / dotado sin embargo / de una mente creadora / capaz de todo vuelo /en el espacio infinito del espíritu”… ¡Los ojos del universo!

“Ojos que ven, corazón que siente”, mente medita, imagina, ¡inventa! Ahora, por fin, una nueva era en que todos los seres humanos se incorporarán progresivamente a la calidad de “educados” que, según la definición magistral de la UNESCO, significa ser “libres y responsables”.