Revista sobre educación y liderazgo educativo DYLE Nº 20

DYLE Nº 20

Actualidad

Hacia un nuevo humanismo: sesgos educativos

José Luís Puerto Hernández

Escritor, traductor, poeta y editor. Catedrático de Secundaria

El presente texto trata de resumir la ponencia inaugural que pronunciáramos en las XXX Jornadas Estatales FEAE, sobre “La competencia ciudadana”. Todo acto de comunicación es único. Y, cuando es una intervención pública, ante un auditorio, más. Así es que lo que en el presente texto se expresa no puede, ni mucho menos, reproducir, ni casi evocar, aquella intervención en la mañana del 6 de octubre de 2023.

PARTICIPACIÓN DE TODOS EN EL FESTÍN

El poeta Rainer María Rilke, en el segundo de los poemas de Trilogía española, escrita en Ronda en 1913, se pregunta por qué hemos de soportar un peso ajeno, como le ocurre al cargador de viandas, que ha de cargarlas, trasladarlas y llevarlas para un festín del que está excluido.

A través de tales versos, el poeta nos propone una pequeña parábola del mundo en el que vivimos: las viandas, los bienes, correspondientes a toda la sociedad y que debieran ser para todos, están en manos de unos pocos, que son quienes se benefician del festín, de todo el patrimonio social, quedando buena parte de la población excluida del mismo, y cumpliendo labores subalternas de cargadores y porteadores.

La moraleja estaría clara: hemos de tender a un mundo en el que todos participen del banquete, del festín, que sería el mandato del humanismo, de la lógica humanista.

EL HUMANISMO

El humanismo es una de las grandes aportaciones de Europa, a lo largo de su historia, a toda la humanidad. Pone al ser humano en el centro del universo y proclama que es una criatura marcada por la dignidad. Se ha definido siempre como una síntesis que Europa elabora a partir de dos grandes aportaciones y tradiciones: el mundo clásico greco-latino y el mundo cristiano; de ahí que se haya hablado de “humanismo cristiano”.

Pero hemos de ir más allá: el humanismo no se queda ahí; sigue siendo –diríamoslo así– un organismo vivo que se va nutriendo de nuevas aportaciones: el clasicismo, el romanticismo, el idealismo, el simbolismo, el materialismo, las culturas obreras, los movimientos artísticos y literarios de vanguardia, mayo del 68, la internacional situacionista, el estructuralismo…

Y también se nutre, hoy y desde hace tiempo, de las aportaciones que las perspectivas de otras civilizaciones, en un mundo en el que todo se halla interconectado de modo permanente.

En definitiva, un organismo vivo, humanizador, que irradia, a un tiempo, conocimiento, sabiduría, valores, modos de interpretar el mundo y la sociedad, así como modos también de estar en ellos, y siempre de un modo reflexivo, crítico y solidario.

El escritor y pensador italiano Nuccio Ordine es autor del que acaso sea, hasta ahora, último gran manifiesto del humanismo. Lleva el título de La utilidad de lo inútil. Manifiesto (2013). Se trata de un libro fascinante. Una defensa valiente de esa perspectiva civilizadora europea, que sigue arrojando luz sobre el ser humano y el mundo.

Quedémonos con uno de los enunciados de esta obra: “También la cultura debe ser preservada de la fuerza corrosiva del dinero y el beneficio.” Donde indica ‘cultura’, pongamos ‘educación’: “También la educación debe ser preservada de la fuerza corrosiva del dinero y el beneficio.”

Esto es, la cultura y la educación han de ser bienes comunes, herramientas al servicio de la realización de los seres humanos. Y nunca objetos de negocio para obtener beneficios dinerarios. Y la educación ha sido la herramienta que mejor ha difundido y difunde los valores del humanismo y, por ello, de la dignidad del ser humano.

UNA TRIPLE MUERTE: DIOS, EL HOMBRE, LA NATURALEZA

Pero el humanismo, la perspectiva humanista, ha sufrido, está sufriendo, en nuestra contemporaneidad, una triple muerte. Nuestra contemporaneidad está marcada por una triple muerte, que, de modo sucesivo, se detecta desde el pensamiento y desde la poesía: la muerte de Dios, la muerte del hombre y la muerte de la naturaleza, o, más allá de ella, la muerte de la Tierra, la casa del hombre, la casa del ser humano.

La muerte de Dios fue advertida por el filósofo alemán Friedrich Nietzsche, en escritos de La gaya ciencia, entre otros. Pero también por el poeta germánico Friedrich Hölderlin, en su elegía “Vino y pan”. Tal muerte crea en el ser humano una conciencia desventurada, pues, en la contemporaneidad, el ser humano parece estar en la caída, en la imposibilidad de creer en cualquier orden cósmico. Tal tipo de muerte provoca la desacralización del individuo y de la sociedad.

Pero enseguida y, como consecuencia de la primera, se percibe que también estamos asistiendo a la muerte del hombre, del ser humano; que pasa de ser un sujeto marcado por la dignidad (humanismo) a mera fuerza de trabajo (capitalismo), que se compra y se vende, lo que hace que se le vacíe de su humanidad y sea sometido a una cosificación y alienación. Algo que, por ejemplo, detecta y analiza Karl Marx en el primero de sus Manuscritos económicos y filosóficos (1844). Tal tipo de muerte provoca la deshumanización del individuo y de la sociedad.

Y el último tipo de muerte –de la que todos nosotros estamos siendo testigos– es la muerte de la naturaleza y, más allá de ella, la muerte de la Tierra. La explotación y el esquilmar todos los recursos del planeta, en aras de intereses y beneficios particulares, la destrucción de los bosques y agotamiento de los acuíferos, la contaminación, el agotamiento y uso desordenado de todas las fuentes de energía, la apropiación de lo que tendría que ser el territorio público y de todos, la construcción y el urbanismo desordenados, el llenarlo todo de cemento, el hartazgo del primer mundo frente al hambre y carencias de grandes masas de la humanidad…, todo este cúmulo de profanaciones ha hecho que los sectores conscientes hayan querido dar una respuesta a través del ecologismo.

LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD

La revolución francesa puso sobre el tapete de la historia tres valores que habrían de ser por la modernidad y la contemporaneidad desarrollados: libertad, igualdad y fraternidad.

La LIBERTAD fue la bandera bajo la que surgió el liberalismo, pero ya vemos, hoy, a qué resultados está conduciendo de desigualdades y de exclusiones sociales, en función del dinero que se posea y de privilegios o no de clase.

La IGUALDAD fue la bandera de la revolución soviética, e, imitándola, de regímenes que la siguieron, y vemos cómo fue conduciendo al “gulag” y también a la degradación del ser humano, con privaciones de no pocos derechos civiles.

Faltaría poner en práctica el valor de la FRATERNIDAD (un valor tradicionalmente abrazado por el cristianismo…), quizás el valor que pueda mejor que cualquier otro humanizar la sociedad y humanizar el mundo, a través de propuestas que de verdad la ejerciten.

LA EDAD DE PLATA: PROPUESTAS EDUCATIVAS

Hemos de descender a las derivas que la perspectiva humanista ha tenido y tiene en educación. Las propuestas educativas y pedagógicas en esta dirección son numerosas, variadas e imposibles de abordar aquí.

Quedémonos en algunas de las realizaciones históricas que, en el ámbito educativo, se han dado, entre nosotros, en nuestra llamada edad de plata. Habría que hablar, claro está, de la Institución Libre de Enseñanza, a cuyo frente estuvo esa figura incomparable de Francisco Giner de los Ríos. No lo haremos, porque estamos ante varios especialistas en la materia.

Nos quedaremos meramente en un episodio narrado por el poeta Juan Ramón Jiménez, cuando va a visitar, en su lecho de muerte, a Francisco Giner de los Ríos “Una mañana helada” de 1915. Se encuentra en la mesilla del pedagogo una pila de ejemplares de Platero y yo (1914). El maestro le dice al poeta: “Con esta sencillez debía usted escribir siempre.” Hay que entender sencillez como sinónimo de franciscanismo, que sería esa comunión cordial con las criaturas, tan presente en la obra juanramoniana.

Otro ejemplo de ese amor por la educación y la docencia podríamos encontrarlo en Viaje por las escuelas de España (1926-29), de Luis Bello; una reunión de artículos aparecidos en El Sol; la muestra de un amor, de un compromiso por nuestro país, representado por las escuelas. Con un hermoso prólogo de Azorín (titulado “Un misionero”), en el tomo dedicado a Extremadura.

Otro amor por las escuelas, por la educación moderna y actualizada, por la humanización de los niños y las niñas se encuentra en la experiencia que, durante los años de la Segunda República, llevaron a cabo una serie de maestros, aplicando las nuevas técnicas pedagógicas del francés Celestin Freinet, con la creación y utilización de la prensa escolar, que daría tan excelentes resultados.

Entre tales maestros, podemos citar al maestro murciano José Vargas Gómez y al oscense Maximino Cano Gascón, que desarrollaron su labor docente en escuelas de Las Hurdes, en Caminomorisco y La Huerta, respectivamente. Lo que les llevaría a sufrir, en el franquismo, represión y expedientes. O el catalán –de actualidad por varios libros y una reciente película sobre él– Antoni Benaiges, que enseñaría en la localidad burgalesa de Bañuelos de Bureba, y que sería fusilado nada más comenzar la guerra civil.

Y, dentro de las experiencias pedagógicas de educación popular, durante la edad de plata y, en concreto, durante la Segunda República, habríamos de aludir a las Misiones Pedagógicas, cuyo patronato estaría dirigido por Manuel Bartolomé Cossío, y formarían parte de él, entre otros, Antonio Machado y Pedro Salinas; y que llevarían a cabo una labor impresionante por los pueblos de España, de esa España interior, hoy despoblada. Tarea la de las Misiones Pedagógicas muy bien estudiada por Alejandro Tiana, presente en estas jornadas.

ÚLTIMAS EXPERIENCIAS PEDAGÓGICAS. ALGUNAS SUGESTIONES

También podríamos hablar de importantes experiencias de renovación pedagógica en la transición así como en nuestros ya dilatados años de democracia… Pero, al ser recientes, están en la mente de todos y algunos de los aquí presentes han sido protagonistas y han participado en ellas.

Pero habríamos de terminar con algunas sugestiones sobre el poder transformador de la educación, dentro de ese sesgo humanista que reivindicamos. Y las querríamos sintetizar en los siguientes aspectos:

Papel y poder transformador de la educación: mentalidad colaborativa y no competitiva.

Capital importancia de la enseñanza pública, como bien social e impulsor de la igualdad y acceso de todos al conocimiento.

Inclusión social – frente a las posturas aristocráticas (‘la excelencia’), posturas democráticas (inclusión, colaboración, apoyo mutuo, respeto a los distintos ritmos de aprendizaje, estamos en contra de repetir curso, por ejemplo…).

Prestar una atención especial a los alumnos y alumnas que acceden al centro educativo con déficit, por razones familiares y sociales (pobreza, falta de recursos, etc.).

Porque tenemos todos y todas la responsabilidad de transmitir a nuestro alumnado esa “luz maravillosa” (Federico García Lorca) de nuestra tradición humanista, para crear un mundo mejor para todos. Y en el que todos participemos del banquete, de ese festín, al que al principio aludíamos.