DYLE Nº 20

Presentación del monográfico sobre la competencia ciudadana. XXX Jornadas Estatales
Carmen Romero Ureña
Inspectora de Educación y profesora de la Universidad de Valladolid
Santiago Esteban Frades
Inspector de educación de Castilla y León
Sin conocimientos humanistas, las posibilidades de tomar decisiones injustas son muy grandes
La competencia ciudadana como elemento aglutinador de los aprendizajes es el tema que se eligió para estas Jornadas por la relevancia que consideramos que tiene. Es un tema crucial conscientes de que hoy, más que nunca, es necesario insistir en lograr un perfil de salida del alumnado basado en la ética y en la mejora de la sociedad.
El profesor experto Puig Rovira titulaba un artículo “Lo necesitamos todo”, señalaba que para favorecer el desarrollo personal y la formación para la ciudadanía democrática no podemos prescindir de ninguna ayuda, necesitamos una cultura escolar impregnada de valores y abierta al entorno. Desde luego que se puede hacer mucho más y como dice el profesor citado quizás cueste, pero es un deber ético que además será rentable para la sociedad.
A pesar de las apuestas, que desde hace años se están haciendo por la educación cívica, el parlamento europeo, este año, ha reconocido que es necesario reforzarla y hace un claro diagnóstico: “Si comparamos el compromiso formulado en los objetivos políticos en materia de educación cívica con su aplicación real, observamos una clara laguna. Una brecha entre la política y la práctica. Faltan, por tanto, objetivos concretos en materia de educación cívica”.
Por ello, todas las fuerzas políticas, las diferentes Administraciones, los sindicatos y, en general, la sociedad civil tenemos que redoblar esfuerzos en este campo y lograr un pacto escolar que, entre otros temas, permita mantener el normal desarrollo de la educación para la ciudadanía mundial como factor de transformación hacia un mundo más inclusivo, más justo y más pacífico.
Hay que destacar que uno de los principios de la LOMLOE es “La transmisión y puesta en práctica de valores que favorezcan la libertad personal, la responsabilidad, la ciudadanía democrática, la solidaridad, la tolerancia, la igualdad, el respeto y la justicia, así como que ayuden a superar cualquier tipo de discriminación”. Este principio se ha mantenido en leyes de diferente color político.
Y desde el FEAE, de acuerdo con los principios que defendemos, queremos sumarnos al consenso político que debe existir sobre la necesidad de desarrollar esta competencia para la fortaleza democrática de la sociedad.
Nuestro Tribunal Constitucional, en recientes sentencias de la pasada primavera, ha dictaminado que la educación, tanto pública como privada, que la Constitución sitúa bajo el control de los poderes públicos, no es mera transmisión de conocimientos, es también formación humana y no excluye la transmisión de valores, siempre que sean acordes con la Constitución. El Tribunal recuerda que la Constitución toma partido por ciertos valores, que son precisamente los de respeto a los «principios democráticos de convivencia», «pluralismo» y diversidad y dignidad humana, principios que deben ser objeto de trasmisión en la escuela conforme al art. 27.2 de la Constitución.
Pero estos planteamientos no son una moda. La necesidad de una educación democrática viene de lejos. Los grandes precursores teóricos de la educación cívica fueron los ilustrados, pero también tenemos claros referentes entre pedagogos del pasado siglo como John Dewey con su obra “Democracia y educación”; Piaget y Freire, que, a pesar de sus diferencias, coinciden en la importancia de la cooperación y solidaridad en el ser humano; o Freinet que apuesta en sus prácticas pedagógicas por una educación moral y cívica. La UNESCO, desde los años 60, viene realizando tareas sobre la educación para la paz, los derechos humanos y las libertades fundamentales. La obra que causó más impacto mundialmente fue, en 1974, sobre una “Recomendación relativa a la Educación para la Comprensión, la Cooperación y la Paz Internacionales y la Educación relativa a los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales”. Y a partir de 2005 la UNESCO promueve un Programa mundial en derechos humanos. En 2015 elabora la primera guía sobre Educación para la ciudadanía mundial teniendo en cuenta lo cognitivo, lo socioemocional y lo conductual. Trata de aprovechar los ámbitos de educación para los derechos humanos, la educación cívica, la educación para el desarrollo sostenible y la educación para el entendimiento internacional, entre otros. Y de todos es conocido, el objetivo nº 4 de la Agenda 20-30 que argumenta sobre “la importancia aumentar los esfuerzos encaminados a reforzar la plena realización de los derechos humanos, la paz y el ejercicio responsable de la ciudadanía local y global”.
Objetivo también apoyado por la Unión Europea que además, recomienda que la Educación para la Ciudadanía (más allá de una concreta materia curricular de la enseñanza obligatoria) debe abarcar toda actividad educativa, formal y no formal, que permita a la persona actuar, a lo largo de su vida, como ciudadano activo, responsable y respetuoso con los derechos de los demás. Ha de entenderse con un factor de: cohesión social, comprensión mutua, diálogo intercultural e interreligioso, solidaridad, igualdad, convivencia en y entre los pueblos, desarrollo social y cultura democrática.
En nuestro país, a partir de la transición democrática, desde los ámbitos políticos, legales-curriculares, teórico-académicos, y de movimientos asociativos, se ha hecho un esfuerzo enorme para implantar la enseñanza en valores democráticos. Así ya en 1982, Mayor Zaragoza, como ministro de educación, publicó una circular enviada a todos los centros educativos sobre “La enseñanza de los Derechos Humanos y de la Constitución”, de lectura muy recomendable, y entre otras cosas decía:
Los niños, los estudiantes todos, deben adquirir conocimientos sobre la Constitución y la Declaración de Derechos del Hombre, de tal modo que comprendan el significado profundo de la igualdad jurídica de los hombres; de los derechos a la educación, a la cultura, a beneficiarse del progreso científico y tecnológico; de la seguridad ciudadana; de la intervención a través de sus representantes en la formulación de las leyes; de la libertad de pensamiento y de opinión; han de tener conciencia de que la soberanía nacional reside en el pueblo y que ningún individuo o grupo puede pretender ejercerla en contra de la voluntad de la mayoría.
Las ponencias, coloquios y mesas redondas de estas Jornadas que se recogen en este monográfico han generado propuestas ricas para seguir avanzando y profundizando sobre la educación cívica y los derechos humanos desde los ámbitos legales-curriculares, teórico-académicos, experienciales de los centros y de movimientos asociativos.
Se presentan las intervenciones de las autoridades relevantes que inauguraron las Jornadas pues pensamos que tiene interés su mirada del tema. La ponencia inaugural fue impartida por José Luis Puerto, profesor, poeta, etnógrafo, ensayista, articulista , … en definitiva, un humanista comprometido y un intelectual inquieto e involucrado con su tierra y con su gente. Dos prestigiosos catedráticos de Historia de la Educación, Alejandro Tiana y José María Hernández, abordan la evolución histórica del concepto de educar para hacer ciudadanos libres, críticos y democráticos. A continuación, se presenta una visión de la trascendencia de la educación cívica para la sociedad europea, con la visión en Alemania (Ludger Gruber, director de la fundación Konrad Adenauer) y en España (Victorino Mayoral, presidente de la Fundación CIVES). La prestigiosa catedrática de derecho Marina Echebarria aborda la inserción del derecho antidiscriminatorio en el sistema educativo: hacia una educación en valores constitucionales. Se presentan dos mesas redondas. Por una parte, el estado de la cuestión y la visión de la competencia ciudadana en diferentes Administraciones educativas: Aragón, Castilla La Mancha, Castilla y León y el País Vasco. Y por otra, la práctica educativa de los centros sobre esta temática. Se cierra el monográfico con las comunicaciones que se presentaron en las Jornadas.
Hubo una parte lúdica que nos ayudó a convivir y seguir manteniendo ese espíritu de amistad que une y caracteriza a la gente del Fórum.
Vaya nuestro agradecimiento a las autoridades, a las personas que han colaborado en la organización de estas Jornadas, a los ponentes y coordinadores de mesas y a todos los asistentes. Terminamos recordando lo que señala el Observatorio de Derechos Humanos de la UVA “que sin conocimientos humanistas, las posibilidades de tomar decisiones injustas son muy grandes”.
