Revista sobre educación y liderazgo educativo DYLE Nº 30

DYLE Nº 30

Investigación

Educar para superar la soledad no deseada: Vínculos que generan bienestar

Lucía Montañés Lacal, Ana Cebollero Salinas y Sandra Vázquez Toledo

Facultad de Educación de la Universidad de Zaragoza

Introducción

En la era de la hiperconectividad, muchos adolescentes y jóvenes se sienten más solos que nunca. Así lo refleja el Barómetro Juventud, Salud y Bienestar (FAD Juventud, 2025), que sitúa la cifra de jóvenes españoles entre 16 y 25 años que afirman sentirse solos con mucha o cierta frecuencia en un 26,5%. De forma similar, un estudio reciente de la Fundación Once, desarrollado en el marco del Observatorio de la Soledad no Deseada (2024), señala que la incidencia de este problema alcanza el 25,5% de la población comprendida en esas mismas edades.

Ahora bien, ¿y si la percepción de soledad en los adolescentes estuviera vinculada, en realidad, a sus hábitos de sueño influidos por el abuso de redes sociales y determinados estilos de crianza? Con frecuencia tendemos a justificar los cambios radicales de la etapa adolescente como “cosas de la edad”, pero la ciencia advierte de un peligro invisible: una soledad crónica. Este fenómeno puede generar un deterioro del bienestar tanto físico como emocional, suponiendo una clara vulnerabilidad para la persona. Padrón-Armas et al. (2026), en un estudio realizado por la Universidad de la Laguna y el Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA-CSIC), confirman que la soledad es un determinante social de la salud de la persona. En otras palabras, a mayor soledad, peor valoración subjetiva de su estado de salud, incluso tras considerar otros factores contextuales como el sexo, la edad o la situación socioeconómica.

¿Qué entendemos por soledad no deseada? Consecuencias para el bienestar psicológico

La soledad no deseada es un concepto complejo. La Organización Mundial de la Salud (2025) la define como un sentimiento personal doloroso que se produce cuando las relaciones interpersonales no se ajustan a lo que una persona necesita o quiere. Esto implica que una persona pueda sentirse sola incluso cuando está rodeada de gente.

La soledad no deseada tiene consecuencias severas para la salud mental de los jóvenes. la literatura científica ha establecido una clara asociación entre la soledad crónica y un mayor riesgo de depresión, ansiedad e ideación suicida durante la adolescencia (Bendezú et al., 2022; Kennedy & Brausch, 2024). Otros estudios evidencian que la soledad prolongada en el tiempo como la falta de un sistema social de apoyo perjudica el bienestar psicosocial aumentando la posibilidad de desarrollar conductas autolesivas y de ideación suicidio (Khan & Ungar, 2021).  Asimismo, algunos estudios han evidenciado que la soledad emocional está estrechamente vinculada con la ideación suicida, incluso cuando se controlan síntomas depresivos (Matthews et al., 2019). Por tanto, no se trata únicamente de una vivencia subjetiva pasajera, sino de un fenómeno con implicaciones profundas para la salud psicológica adolescente.

¿Por qué la soledad no deseada reduce las horas de sueño? Los mecanismos físicos de esta epidemia silenciosa

La soledad duele, y lo hace incluso de forma literal, ya que, para el cerebro, el aislamiento social continuado equivale a un peligro biológico equivalente al dolor físico, lo que altera de forma completa nuestro organismo. Ya Heinrich y Gullone (2006) determinaron cómo la soledad se asocia a problemas psicosociales, de salud mental y a un deterioro del bienestar físico mediante dolores de cabeza, problemas cardiovasculares, náuseas y de manera extremadamente acusada una deficiencia continuada de sueño. Estos autores explican cómo en adolescentes, esta experiencia puede ser particularmente compleja y agravante debido a los cambios cognitivos, biológicos y sociales que se desencadenan durante esta etapa de desarrollo. Es decir, cuando un adolescente se siente solo su sistema nervioso se dispara entrando en un estado de hipervigilancia y eleva los niveles de cortisol, la llamada hormona del estrés. En definitiva, es difícil dormir cuando tu cuerpo permanece en alerta.

A su vez, la ausencia de sueño repercute negativamente en problemas de ansiedad e ira, con un peso de 27.2% y el 30,4% respectivamente (Kumar et al., 2025). Estos autores analizaron cómo la combinación con la soledad, los problemas de sueño explican aproximadamente el 30% de los problemas de salud mental, por lo que afectan de forma directa en el bienestar emocional y psicológico de los adolescentes. No obstante, resulta necesario analizar cómo otros factores como el abuso de la tecnología son elementos explicativos clave tanto en la falta de sueño como en la soledad no deseada.

Dependencia digital: el papel de la soledad no deseada como motor de adicción a las pantallas

Vivimos bajo la premisa de que los móviles aíslan a los jóvenes. No obstante, la evidencia científica también aporta una lectura complementaria: algunos adolescentes usan el móvil de forma prácticamente compulsiva precisamente porque se sienten solos. Así lo apuntan investigaciones como la de Hernández-Camblor y Moral-Jiménez (2024) quienes encontraron una correlación positiva entre la soledad tanto social como emocional y la adicción a internet. Según estos autores, las personas con mayores niveles de soledad presentaban una mayor tasa de adicción a las pantallas, empeorando significativamente su calidad de vida en comparación con el grupo que no presentaba estas características. En definitiva, cuando un adolescente sufre de bajo control emocional y baja autoestima, la soledad puede convertirse en un puente directo hacia el uso problemático de internet, lo cual empeora a su vez la calidad del descanso.

La pandemia de la COVID-19 agravó significativamente esta casuística. En base a lo reportado por Takács et al. (2023), durante este periodo se produjeron cambios en el comportamiento de los adolescentes, aumentando el tiempo de uso de pantalla un 67.8% y afectando un deterioro de la calidad de sueño en un 34.6% respecto a las cifras previas a la pandemia. Sus análisis identificaron un perfil de mayor riesgo: adolescentes que han sufrido un empeoramiento de la higiene del sueño y un aumento de tiempo de uso de pantallas, especialmente en caso de las chicas.

El escudo familiar: por qué el hogar influye más que los amigos frente a la soledad no deseada y adicción a las pantallas

Existe la creencia generalizada de que durante la adolescencia el foco principal se traslada al grupo de iguales, desplazando a un lado el apoyo familiar. No obstante, esto sin duda es un mito que debe matizarse, dado que ambos tipos de apoyo (familiar y grupo de iguales) ofrecen protecciones diferentes, complementarias e imprescindibles, no resultando mutuamente excluyentes (Helsen et al., 2000).

El apoyo de la familia es vital. Buecker et al. (2024) así lo determinaron mediante una amplia revisión bibliográfica, concluyeron que una relación parentofilial de calidad es un factor protector clave frente a la soledad, especialmente durante la pandemia de la COVID-19. De hecho, los conflictos con los padres basados en la aculturación se vincularon de forma positiva con mayores niveles de soledad adolescente.

Sin duda, este apoyo es esencial. Un revelador estudio aportado por Lin et al. (2023) muestra que en la línea de frenar el abuso de pantallas y, en especial en lo relativo a las redes sociales, es la familia quien ofrece una protección directa y más potente que los amigos, el cual solo funciona de forma indirecta.

Conclusiones

Los datos revisados permiten reflexionar sobre la importancia de la creación de vínculos sólidos y seguros, tanto dentro como fuera del entorno familiar. Estos vínculos impactan directamente en la mejora del bienestar físico y emocional de los adolescentes. Si el apoyo social mitiga el abuso de pantallas y esto a su vez repercute de forma positiva en la soledad y por tanto en la calidad del sueño, esto supondrá una mejora significativa de la calidad de vida de los y las jóvenes.

Actualmente, vivimos en una sociedad cada vez más individualista, en la que a menudo se asocia el bienestar con disponer de espacio propio, mostrarse bien físicamente o proyectar una imagen satisfactoria ante los demás. Sin embargo, la ciencia demuestra otra cosa: el bienestar se construye, en gran medida, a través de los vínculos con otras personas. Por ello, resultando prioritario que las familias, los centros educativas y la sociedad en su conjunto promuevan tiempo y espacios de calidad para configurar relaciones de apoyo sanas y positivas a lo largo de la vida.

Referencias bibliográficas

Bendezú, J. J., Thai, M., Wiglesworth, A., Cullen, K. R., & Klimes-Dougan, B. (2022). Adolescent stress experience–expression–physiology correspondence: Links to depression, self-injurious thoughts and behaviors, and frontolimbic neural circuitry. Journal of Affective Disorders, 300, 269–279. https://doi.org/10.1016/j.jad.2021.12.098

Buecker, S., Petersen, K., Neuber, A., Zheng, Y., Hayes, D., & Qualter, P. (2024). A systematic review of longitudinal risk and protective factors for loneliness in youth. Annals of the New York Academy of Sciences, 1542(1), 620-637. https://doi.org/10.31234/osf.io/yfvmz

FAD Juventud. (2025). Barómetro Juventud, Salud y Bienestar. Centro Reina Sofía y FAD Juventud. https://www.centroreinasofia.org/publicacion/barometro-juventud-salud-bienestar-2025/

Fundación Once (2024). Estudio sobre juventud y soledad no deseada en España. https://www.soledades.es/estudios/estudio-sobre-juventud-y-soledad-no-deseada-en-espana.

Heinrich, L. M., & Gullone, E. (2006). The clinical significance of loneliness: a literature review. Clinical psychology review, 26(6), 695–718. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2006.04.002

Helsen, M., Vollebergh, W., & Meeus, W. (2000). Social support from parents and friends and emotional problems in adolescence. Journal of Youth and Adolescence29(3), 319–335. https://doi.org/10.1023/A:1005147708827

Hernández-Camblor, C., & Moral-Jiménez, M. V. (2024). Uso de las redes sociales virtuales, percepción de soledad y habilidades sociales en jóvenes adultos españoles de la generación Z y la generación Y. Acta Colombiana de Psicología, 27(1), 1-15. https://doi.org/10.14718/ACP.2024.27.1.13

Kennedy, A., & Brausch, A. M. (2024). Emotion dysregulation, bullying, and suicide behaviors in adolescents. Journal of Affective Disorders Reports, 15, 100715. https://doi.org/10.1016/j.jadr.2023.100715

Khan, A., & Ungar, M. (2021). Resilience to self-harm: A scoping review of protective factors that aid in recovery among marginalized young people. Crisis: The Journal of Crisis Intervention and Suicide Prevention, 42(3), 182–201. https://doi.org/10.1027/0227-5910/a000831

Kumar, M., Mwavua, S. M., Cheng, S., Chung, A., Njiru, L. N., Obonyo, G., Dayow, M., & Huang, K.-Y. (2025). Understanding the relationship between loneliness and sleep, and their influence on mental health of a high-adversity-exposed school sample of Kenyan adolescents. Annals of Global Health, 91(1), 46. https://doi.org/10.5334/aogh.4810

Lasgaard, M., Goossens, L., & Elklit, A. (2011). Loneliness, depressive symptomatology, and suicide ideation in adolescence: Cross-sectional and longitudinal analyses. Journal of Abnormal Child Psychology, 39(1), 137–150. https://doi.org/10.1007/s10802-010-9442-x

Lin, S., Yuan, Z., Niu, G., Fan, C., & Hao, X. (2023). Family matters more than friends on problematic social media use among adolescents: Mediating roles of resilience and loneliness. International Journal of Mental Health and Addiction, 22, 2907-2925. https://doi.org/10.1007/s11469-023-01026-w

Matthews, T., Danese, A., Caspi, A., Fisher, H. L., Goldman-Mellor, S., Kepa, A., Moffitt, T. E., Odgers, C. L., & Arseneault, L. (2019). Lonely young adults in modern Britain: Findings from an epidemiological cohort study. Psychological Medicine, 49(2), 268–277. https://doi.org/10.1017/S0033291718000788

Observatorio Estatal de la soledad no deseada. (2024). Estudio sobre juventud y soledad no deseada en España. Fundación ONCE; Ayuda en Acción. https://www.soledades.es/estudios/estudio-sobre-juventud-y-soledad-no-deseada-en-espana

Organización Mundial de la Salud (2025). De la soledad a la conexión social: el camino hacia sociedades más saludables. Resumen: informe de la Comisión de la OMS sobre Conexión Social. https://cdn.who.int/media/docs/default-source/who-commission-on-social-connection/whocsc-plainlanguage-es.pdf?sfvrsn=c5396dff_6&download=true

Padrón-Armas, A., Gutiérrez-Barroso, J., Torrado-Martín-Palomino, E., Serrano del Rosal, R. (2026). Loneliness as a predictor of self-rated health: a gendered, cross-national analysis in six European countries. Frontiers in Sociology: Medical Sociology, 11, 1726387. https://doi.org/10.3389/fsoc.2026.1726387

Takács, J., Katona, Z. B., & Ihász, F. (2023). A large sample cross-sectional study on mental health challenges among adolescents and young adults during the COVID-19 pandemic at-risk group for loneliness and hopelessness during the COVID-19 pandemic. Journal of affective disorders, 325, 770–777. https://doi.org/10.1016/j.jad.2023.01.067