DYLE Nº 30

Competencias docentes facilitadoras del bienestar
1. Bienestar docente
Si alumnos y profesores fueran emocionalmente competentes, las aulas serían espacios seguros, empáticos, de disfrute y de aprendizaje, pues sólo el profesorado emocionalmente competente puede ayudar a desarrollar en sí mismo y en sus alumnos las competencias socioemocionales necesarias para conseguir un clima de bienestar emocional, de sana convivencia y de a constanteprendizaje efectivo. En este objetivo de conseguir un clima de bienestar en las aulas deben colaborar fundamentalmente tres pilares: las administraciones (facilitando condiciones favorecedoras del bienestar a los centros y al profesorado), las direcciones (creando condiciones favorecedoras del bienestar del profesorado) y el propio `profesorado (dotándose de las fortalezas personales y profesionales que faciliten su propio bienestar para cumplir mejor su labor educativa). En este artículo nos limitamos a centramos en estrategias docentes y directivas, sin entrar en la parte que corresponde a las administraciones educativas como agentes facilitadores del bienestar docente. Las estrategias propuestas invluyen estrategias operativas -qué podemos hacer- y estrategias emocionales -qué actitud adoptar cuando no podemos hacer nada, por depender de otros agentes-.
2. No confundir bienestar con acomodamiento
De entrada conviene evitar el riesgo de confundir bienestar con acomodamiento, adoptando una actitud consistente en evitar complicaciones y huir de los problemas, a costa de una merma en el cumplimiento de la misión y del bienestar del resto del equipo. Algunas tentaciones en las que suele caer este perfil -minoritario- de profesorado son las siguientes:
- Cultura de la queja: estilo de trabajo centrado en quejarse y exigir a los demás, en vez de buscar soluciones propias.
- Estilo punitivo de resolver conflictos, que ve la sanción como la salida más cómoda y rápida, excluyendo vías formativas, por la creencia de que dan más trabajo y requieren mayor esfuerzo e implicación al profesorado.
- Individualismo, que ve más cómodo ir por libre, sin dar cuentas a nadie, que trabajar en equipo, que conlleva reuniones, discusiones y pérdidas de tiempo.
- Inmovilismo, que ve más cómodo seguir haciendo lo que se ha hecho siempre, que innovar y aventurarse a probar nuevas cosas, que requieren formación, más carga de trabajo e incertidumbre sobre los resultados.
- Academicismo, que ve más cómodo ocuparse exclusivamente de “mi materia” que ocuparse de educar integralmente, que implica gestionar problemas de convivencia, desmotivación o emocionales, entre otros.
- Clase excluyente, centrada exclusivamente en los “buenos” alumnos que se comportan y quieren aprender, entendiendo que los disruptivos y desmotivados se los tienen que “arreglar” otros agentes.
3. Estar bien y hacerlo bien: bienestar y excelencia
Frente al profesorado refugiado en el acomodamiento, el profesorado comprometido y emocionalmente competente se centra en mantener un equilibrio entre bienestar (estar bien) y eficacia docente (hacerlo bien), mediante una implicación emocionalmente saludable, consistente en tratar de cumplir la misión lo mejor posible, pero acotando nuestras responsabilidades (“lo que nos toca”) a lo que esté dentro de nuestras posibilidades de acción, compatibilizando compromiso y esfuerzo con estados emocionales gratificantes y estimulantes, como la ilusión y la automotivación, evitando estados anímicos negativos, como la ansiedad, la decepción, el agobio o la culpabilización.
4.Implicación gratificante: sanar sin enfermar
La actitud del profesorado ante su cometido es un factor clave del que dependen el resto de las competencias docentes, por lo que merece una atención preferente. Aunque lo deseable es que la implicación del profesorado sea máxima, esto puede tener sus riesgos si no se acompaña de una actitud de autoprotección emocional, con el fin de no desgastarse psicológicamente con una autoexigencia angustiante, sobrecarga de trabajo o falta de resultados, queriendo resolver tanto los problemas que nos tocan como los que son responsabilidad de otros agentes. La implicación saludable consiste en adoptar una actitud que intenta fortalecer competencias socioemocionales del alumnado -sanar- sin poner en riesgo el equilibrio emocional propio-sin enfermar-: poner el listón donde se pueda llegar, disfrutando y motivado.
5. Actitud proactiva: contra las quejas, soluciones
Uno de los principales obstáculos en el mundo educativo es la cultura de la queja, instalada en algunos centros y equipos educativos. Consiste en atribuir a causas externas todos los problemas que aparecen en el aula, eludiendo la parte que corresponde al propio docente y su equipo. Frente a esta actitud cómoda pero improductiva, aparece la cultura de soluciones, consistente en afrontar activamente los problemas, buscando soluciones dentro del campo de acción propio, aun sabiendo que hay otros factores externos corresponsables. Es una cultura basada en sustituir cada “es que” (excusas, quejas, acusaciones) por “podríamos” (soluciones propias), viendo los problemas como oportunidades de intervenir, entendiendo que el tiempo que se invierte en formular una queja, se podría utilizar en pensar o buscar una solución. Cada profesor debe jugar sus bazas lo mejor posible, independientemente de cuáles sean, es decir, intervenir sobre las condiciones que se encuentra en vez de quejarse de las cartas que le han tocado en suerte. Pero la proactividad -cultura de soluciones- no es suficiente, pues hay problemas cuyas soluciones no están al alcance de docentes y directivas, por caer, total o parcialmente, dentro de la responsabilidad de otros agentes (administraciones educativas, judiciales, sanitarias, sociales o policiales, entre otras). Los docentes y direcciones han de ser, por lo tanto, resolutivos en lo que les toca y devolutivos/derivativos en lo que no les toca o no les toca en exclusiva.
6. Eficiencia: alto beneficio y bajo coste
Una de las principales causas de malestar docente es el exceso de burocracia y la sobrecarga de exigencias, que genera sensación de desbordamiento, por lo que conviene simplificar -cuando se pueda- los procesos y tareas, especialmente las burocráticas y administrativas, preguntándonos si se pueden llevar a cabo de forma más sencilla, para no restar tiempo a las abundantes tareas propiamente educativas, que no se pueden abarcar exhaustivamente. La eficiencia pasa por optimizar el cociente beneficio/coste, es decir, plantearse metas de alto beneficio y alcanzarlas mediante estrategias de bajo coste:
– El alto beneficio se consigue identificando prioridades (convivencia, diversidad, motivación, trabajo en equipo, familias…).
– Detectadas las prioridades, el segundo paso debe ser abordarlas mediante estrategias lo más sencillas posible -de bajo coste-, en burocracia, en tiempo requerido y en personas necesarias para llevarlas a cabo.
Somos nosotros habitualmente los que complicamos innecesariamente procesos que podrían implementarse de forma más sencilla, y somos nosotros quienes tenemos la llave para simplificarlo, preguntándonos isstemáticamente: “¿no hay nada más sencillo”.
7. Autogestión y apoyos en el trabajo en equipo
Educar es un reto que requiere trabajo en equipo, que a menudo resulta una fuente de malestar y complicaciones. Y como el trabajo en equipo es necesario, ha de ser posible. Trabajar en equipo ha de resultar sencillo y cómodo, pero sólo será así si lo hacemos fácil. Para ello debemos vigilar la rentabilidad de esfuerzos: trabajar en equipo debería servir para quitar trabajo, o al menos, no añadirlo de forma superflua. El principio de economía nos invita a buscar permanentemente estrategias simples que permitan ahorrar esfuerzos individuales y colectivos. Procesos simples más que perfectos, sin michelines innecesarios. En gestión del aula y, especialmente en convivencia, es necessrio aprovechar al máximo el trabajo colectivo, teniendo en cuenta que donde no llega un profesor individualmente, puede llegar un equipo eficiente y solidario. Para ello hay que diferenciar dos tipos de responsabilidades:
- autogestión: cada `docente procura quitarle el trabajo al equipo, gestionando individualmente todo lo que pueda, sin pedir ayuda.
- solidaridad: el equipo apoya al profesorado desbordado que ha pedido ayuda, derivando cada problema desbordante al agente idóneo de tratamiento, es decir, a la persona o colectivo con mayores probabilidades de resolverlo eficazmente.
En este enfoque solidario, el individuo trabaja para el equipo y el equipo trabaja para el individuo, pues los problemas educativos más significativos suelen ser compartidos por varios o todos los miembros de un equipo.
8. Deslinde de funciones
El compromiso docente se facilita cuando están claras las funciones y responsabilidades de cada agente implicado, para evitar superposiciones y zonas ciegas de no intervención: que cada cual sepa qué le toca y qué qué no le toca (al menos en exclusiva) y, por lo tanto, debe derivar al agente idóneo de intervención. El deslinde de funciones debe contemplarse en dos aspectos:
- Deslinde interno, entre el personal del centro: profesorado, tutorías, dirección, orientación…
- Deslinde externo, entre el personal del centro (responsables de aplicar medidas escolares) y especialistas externos (responsables de aplicar medidas supraescolares, como agentes socioeducativos, salud mental, asistencia a familias, policía o medidas judiciales, entre otras).
9. Estiba: reparto de la carga
A menudo el malestar aparece como consecuencia de desequilibrios en la carga de trabajo de los diferentes puestos en un centro: mientras hay cargos sobrecargados, hay otros con menor carga que podrían ayudar. Desde las direcciones de los centros -y desde las administraciones- se pueden redistribuir y compensar los desequilibrios de forma que haya equidad entre los diferentes agentes implicados.
10. Establecer prioridades: distinguir lo vital de lo trivial
Cuando se tiene la sensación de que no se puede llegar a todo, es necesario establecer un orden de prioridades claro, para evitar la dispersión de objetivos y tareas (“no llego a todo”, “el día a día nos desborda”). La priorización de temas o problemas se puede hacer mediante dinámicas ágiles, que apenas consuman tiempo, sin burocracia superflua, como el ranking de prioridades. En relación con el bienestar, es conveniente priorizar y concretar las fuentes de malestar individual y de centro, con el fin de focalizar las acciones conjuntas hacia las de más peso que, a menudo, son unas pocas. A título de ejemplo, mostramos las que han surgido en diversos cursos de formación:
- Burocracia excesiva.
- No poder atender a toda la diversidad.
- Alumnado conflictivo.
- Alumnado desmotivado.
- Cambios legislativos continuos.
- Conflictos con otros docentes.
- Autoexigencia tóxica.
- Familias hostiles, falta de apoyo familiar.
- Sobrecarga de mensajes, chats, imprevistos…
- Falta de apoyo de la administración.
- Falta de apoyo de la dirección.
- Falta de trabajo en equipo.
- Ratio excesiva.
- Alta ansiedad crónica.
11. Autocontrol: calma
Por autocontrol entendemos la capacidad de inhibir o demorar conductas, pensamientos o emociones que puedan generar posteriores perjuicios, lo que conlleva parar, pensar y evaluar antes de actuar, cuando la ocasión lo requiera, para evitar agravar el problema o generar consecuencias futuras inconvenientes. El ejemplo que un profesor calmado da a sus alumnos facilita que estos sean a su vez capaces de controlarse en los seguros roces que se producen a lo largo de un curso escolar: no se puede pedir autocontrol al alumnado si el profesorado no lo tiene. El profesorado ha de aprender a controlarse y mantener la calma en cualquier circunstancia, rebajando la línea base de tensión emocional ante actitudes agresivas, impulsivas o desafiantes, adoptando un estilo comunicativo pausado y relajado.
12. Ilusionar, reilusionar, no desilusionar
La ilusión sostiene el esfuerzo, por lo que se debe buscar ilusionar a quienes están empezando y reilusionar a quienes han perdido la ilusión, además evidentemente de mantener la ilusión a quienes no la han perdido. Disfrutar de pequeños logros a corto plazo, abrir expectativas realistas, pillarnos haciendo algo bien: éxitos, alegrías, fortalezas… Educar debe ser percibido por cada individuo y equipo como un proyecto gratificante e ilusionante, y no decepcionante y agobiante.

