DYLE Nº 31

Open Science Cambre. Aprender a organizar, decidir y liderar haciendo ciencia
José M. Viñas Dieguez
IES David Buján
Ana Rascado Dopico
Asociación Xuvenil XenTD100cia
1. Open Science Cambre como contexto de aprendizaje
Este artículo nace de dos miradas que se cruzaron hace años en el aula. Jose era docente y Ana, alumna. Jose aporta la experiencia de haber participado con su alumnado en ferias de ciencia nacionales e internacionales. Ana conoce Open Science Cambre desde casi todos los lugares posibles: comenzó como alumna voluntaria, fue asumiendo responsabilidades, llegó a ser codirectora en las ediciones de 2020 y 2021 —afrontando en la primera el reto de la pandemia—, volvió después como profesora con su propio alumnado y actualmente preside la asociación juvenil que organiza la feria.
Esa trayectoria permite mirar la feria no solo como un lugar en el que se presenta ciencia, sino como un espacio en el que jóvenes muy distintos aprenden a asumir responsabilidades reales. La presidencia de la asociación no sustituye a los codirectores: son ellos quienes dirigen cada edición. Ana adopta deliberadamente un papel secundario y de apoyo, interviniendo en momentos concretos cuando la experiencia acumulada puede resultar útil. Ese relevo de responsabilidades forma parte del propio modelo educativo de la feria.
Open Science Cambre se celebra el tercer fin de semana de septiembre desde su primera edición en 2018 (tras gestarse el proyecto en 2017), traspasando las fronteras locales para acoger participantes y proyectos de nivel internacional, pero su organización comienza en diciembre del año anterior. La asamblea de la asociación juvenil elige entonces a los dos codirectores de la siguiente edición y, a partir de ahí, el trabajo se despliega en cascada: se nombran responsables de comisiones, se organizan equipos, comienzan las reuniones con el Concello de Cambre, los encuentros con grandes patrocinadores y con el pequeño comercio local, y se distribuyen las tareas que harán posible la feria. Para conocer más detalles y acceder a la plataforma oficial, se puede visitar la web oficial de Open Science Cambre.
Entre esas tareas hay muchas que rara vez se asocian a una feria científica cuando se observa únicamente desde el público. Los jóvenes diseñan o coordinan elementos como las camisetas, el cartel, las tarjetas identificadoras, las tarjetas para patrocinadores o la mascota de la feria. Otros equipos trabajan en redes sociales, acogida-alojamiento, manutención, relación con participantes o programación de actividades. Se trata de responsabilidades con un impacto directo y palpable: cualquier demora o desajuste de coordinación repercute de inmediato en el desarrollo del evento real.
2. Aprender comunicando e interactuando con otros
Conviene diferenciar dos papeles. La explicación de los proyectos científicos corresponde fundamentalmente a quienes participan en la feria: alumnado, profesorado, grupos de investigación, universidades y otras entidades de voluntariado científico. Son ellos quienes conversan con el público sobre sus proyectos, experimentos o líneas de trabajo. Los voluntarios de Open Science Cambre, en cambio, se ocupan de que ese encuentro pueda producirse: organizan el evento, coordinan espacios y personas y trabajan también para conseguir talleres y actividades que completen el programa.
Durante el fin de semana conviven proyectos escolares con espectáculos científicos, lipdubs y otras propuestas escénicas que muestran la cultura local, juegos de mesa, charlas de investigadores, talleres y concursos. Cabe destacar que los reconocimientos otorgados en la feria están totalmente alineados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Lejos de trofeos convencionales o compensaciones económicas, premian la dedicación facilitando experiencias participando directa en otras ferias científicas nacionales e internacionales, gracias a convenios de colaboración con diversas entidades. Esa mezcla ayuda a romper dos ideas muy arraigadas: que la ciencia tiene que ser seria para ser rigurosa y que los científicos pertenecen a un mundo lejano. En Cambre, un investigador de un centro de referencia puede estar conversando a pocos metros de un grupo de niños que acaba de enseñar su primer proyecto. Esa proximidad convierte la ciencia en algo más accesible, cotidiano y compartido. Creamos la chispa de la vocación o el respeto por la ciencia.

Una de las competencias que más se entrenan es la organización. Los jóvenes no reciben únicamente una lista de encargos; tienen que coordinar equipos, distribuir tiempos, hablar con personas de edades y perfiles diferentes y responder cuando el plan previsto deja de funcionar. En este contexto, aprender a respetar la cadena de mando resulta esencial, aunque quien ocupa una responsabilidad tenga menos edad que otras personas del equipo. El cargo no lo determina la edad, sino la función asumida dentro de la organización.
Ese aprendizaje se entiende bien con trayectorias como la de Jairo, uno de los codirectores de la edición de 2026. Empezó como voluntario con diez años y, con el paso del tiempo, fue asumiendo responsabilidades en espectáculos, redes sociales y otras áreas hasta llegar a la codirección. La capacidad de liderazgo no surge de un día para otro: se entrena cuando alguien dispone de oportunidades progresivas para decidir, equivocarse, corregir y volver a intentarlo. El año que viene Jairo volverá a tener un papel secundario, siendo respetado por su experiencia pero respetando a quien asuma la responsabilidad de organizar.
A veces, ese crecimiento resulta más visible fuera de casa que dentro. Las familias se sorprenden al comprobar que ese hijo o hija que quizá no ordena su habitación puede coordinar grupos numerosos y, en ocasiones, dirigir a personas de más edad. No es una contradicción: las capacidades pueden estar latentes y necesitan un contexto real que obligue a ponerlas en juego. Liderar se aprende liderando, igual que organizar se aprende organizando.
Esta diversidad de tareas permite además que la feria sea un espacio profundamente inclusivo. En Open Science Cambre no solo encuentran su sitio los estudiantes apasionados por la ciencia o con un perfil académico tradicional, sino jóvenes con talentos, necesidades e intereses muy variados. Quienes disfrutan con el diseño, la comunicación, la logística o la gestión de personas descubren aquí su propio valor y una forma genuina de aportar al equipo.
Además, una seña de identidad de Open Science Cambre es la acogida. La organización trabaja para que alojamiento y manutención no sean una barrera para participar. Quienes llegan de fuera pueden alojarse en casas de vecinos y vecinas de Cambre o en el pabellón habilitado para la ocasión. En la edición de 2026 se alojaron 187 jóvenes investigadores y 35 profesores, y se sirvieron alrededor de 500 comidas diarias. Detrás de esas cifras hay planificación, turnos, listados, incidencias, horarios y muchas decisiones pequeñas. La acogida no solo resuelve una necesidad logística, sino que genera un valioso espacio de encuentro intergeneracional y comunitario. Cuando las familias y vecinos de Cambre abren las puertas de sus casas para alojar a jóvenes participantes de distintos orígenes y países, el pueblo entero se convierte en parte activa del evento. Esa convivencia en el hogar transforma la feria en un proyecto compartido por la comunidad, donde adultos, familias y jóvenes intercambian experiencias y estrechan lazos más allá de lo strictly científico. También hay un aprendizaje que va mucho más allá de la logística: recibir a alguien que no conoce el lugar, resolver una necesidad imprevista o conseguir que un grupo se sienta acompañado obliga a desarrollar empatía, comunicación y responsabilidad. La feria se convierte así en una experiencia de convivencia además de una experiencia científica.
3. Un momento que nos hizo aprender
Cada edición cuenta con protocolos cada vez más completos, pero ningún protocolo puede preverlo todo. Puede llover y obligar a cambiar espacios, puede llegar más público del esperado, alguien puede olvidar solicitar alojamiento, una actividad puede prolongarse y alterar los horarios o surgir un conflicto entre stands. En esos momentos aparece una de las frases que mejor resume la cultura de la organización: ante el “tengo un problema” de un voluntario, la respuesta suele ser “tienes una solución; vamos a ver si es buena”.
El objetivo no es minimizar la dificultad, sino cambiar la posición desde la que se afronta. Los jóvenes aprenden a plantear un plan A, un plan B y un plan C, y a seguir buscando alternativas si ninguna funciona. El año de la pandemia llevó esta lógica al límite y obligó a rehacer decisiones y formatos una y otra vez. Son situaciones difíciles de reproducir de manera auténtica dentro de un aula, porque aquí las decisiones tienen consecuencias inmediatas sobre personas reales y sobre el funcionamiento del evento.
Muchas de estas habilidades pueden trabajarse en un centro educativo, pero difícilmente con la misma intensidad y autonomía. Tampoco es exactamente igual aprenderlas dentro de una organización de voluntariado dirigida por adultos. La asociación juvenil crea un marco particular: los jóvenes no son ayudantes de una estructura adulta, sino parte de la estructura que toma decisiones, mientras las personas con más experiencia acompañan y sostienen cuando es necesario.
Esa experiencia tiene incluso consecuencias fuera de la feria. En varias ocasiones, centros educativos y empresas de actividades extraescolares se han interesado por contratar a jóvenes que han podido observar trabajando. La asociación juvenil los respalda para que, cuando surgen esas oportunidades, puedan desarrollarse con las mejores garantías contractuales posibles. El aprendizaje no formal empieza así a conectarse con experiencias profesionales reales.
Asimismo, la colaboración con el Concello de Cambre es una de las claves del proyecto. Desde la experiencia de la asociación, los cambios políticos no han reducido esa cooperación. Las primeras conversaciones suelen comenzar con el personal técnico, pero los responsables municipales terminan implicándose también en reuniones y decisiones. Hay algo especialmente convincente en ver a jóvenes organizando para otros jóvenes una actividad compleja con creatividad, argumentos y una lógica muy práctica. La expresión que utilizamos a veces es que Open Science Cambre funciona como un virus bueno: contagia entusiasmo a pequeños y mayores. Más allá de la metáfora, los jóvenes tienen que explicar sus necesidades, justificar propuestas, escuchar límites, negociar alternativas y trabajar con procedimientos institucionales. Esa relación es también una escuela de participación y ciudadanía.

La feria no termina cuando se desmontan los stands. Aproximadamente un mes después se celebra una reunión de evaluación con los responsables de todas las comisiones. Antes, cada responsable se ha reunido con sus voluntarios para recoger qué funcionó, qué generó problemas y qué debería cambiar. De ese proceso salen propuestas de mejora, modificaciones de protocolos y nuevas ideas para la edición siguiente. No todas las propuestas se incorporan automáticamente; corresponde a los nuevos codirectores decidir cuáles adoptan. Este sistema permite conservar la memoria de la organización sin impedir que cada nueva generación haga la feria suya.
Competencias fundamentales como el liderazgo práctico, la toma de decisiones, la resolución de imprevistos y el trabajo en equipo no surgen aquí de un temario abstracto. Aparecen porque son necesarias para que todo funcione. Si una comida no está organizada, si un grupo no sabe dónde dormir, si un espectáculo empieza tarde o si un equipo no conoce su turno, alguien tiene que reaccionar. Y muchas veces ese alguien tiene quince, diecisiete o veinte años.
Ahí está probablemente una de las mayores aportaciones educativas de Open Science Cambre. No sustituye a la escuela ni a la universidad, pero ofrece situaciones que estas instituciones difícilmente pueden reproducir con el mismo grado de realidad. La confianza de los adultos es importante, pero también lo es aceptar que confiar implica dejar espacio para decidir y para equivocarse. Acompañar no significa dirigir cada paso.
Esa vivencia compartida actúa muchas veces como un auténtico catalizador vocacional: para algunos supone descubrir su pasión por la ciencia, mientras que para otros despierta la vocación por la gestión, la educación o las ciencias sociales, sirviendo de impulso práctico y seguro a la hora de elegir estudios universitarios y definir proyectos de futuro.
Open Science Cambre acerca la ciencia a la ciudadanía, pero al mismo tiempo construye un espacio de aprendizaje para quienes la hacen posible. Los jóvenes entran como voluntarios, prueban tareas, asumen responsabilidades, aprenden de quienes estuvieron antes y dejan experiencia para quienes llegarán después. Algunos acabarán dedicándose a la ciencia y otros no; lo que todos se llevan es la experiencia de haber sido capaces de organizar algo real junto a otras personas.
Quizá por eso, para entender de verdad lo que ocurre allí, no basta con leer un programa. Hay que ver a un niño explicando un proyecto, a un investigador escuchándolo, a un grupo de voluntarios resolviendo una incidencia y a un codirector joven tomando una decisión que afecta a toda la feria. El tercer fin de semana de septiembre, todos tenéis una cita en Cambre.
A veces, ese crecimiento resulta más visible fuera de casa que dentro. Las familias se sorprenden al comprobar que ese hijo o hija que quizá no ordena su habitación puede coordinar grupos numerosos y, en ocasiones, dirigir a personas de más edad. No es una contradicción: las capacidades pueden estar latentes y necesitan un contexto real que obligue a ponerlas en juego. Liderar se aprende liderando, igual que organizar se aprende organizando.
