DYLE Nº 18

Los aprendizajes de la pandemia y los latidos de una nueva escuela en nacimiento
Valentina Haas Prieto
Profesora Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
La pandemia del COVID cubrió las vidas de gran parte del orbe en un manto de oscuridad que paralizó nuestras rutinas de manera determinante por muchos e interminables meses. Una crisis y emergencia a todo nivel, cuyas estelas y consecuencias aún tienen presencia en distintos ámbitos de nuestra realidad (Unicef, 20219) y que, para el presente artículo, solo se abordará desde la perspectiva educativa.
En tal sentido, la educación, en general y las escuelas junto a los maestros, en particular, debieron enfrentar una emergencia para la que nunca habían sido preparados. Un aceptar que la única certeza era la incerteza y que todo lo que habían favorecido hasta ese instante, debía hacerse de un día para otro de una manera tangencialmente distinta. Cambios medulares que implicaron pasar de una enseñanza presencial a una virtual, con todas las transformaciones metodológicas, didácticas, organizacionales, evaluativas, personales, profesionales que ello implicaba. En otras palabras, una revolución en marcha y que implicó múltiples estrategias, lineamientos, políticas, iniciativas y, por qué no asumirlo, ensayos y errores para intentar hacer frente de la mejor manera a ello.
Peñafiel establece que “La pandemia ha sido considerada como un motor de cambios, tales como pasar de la comunicación vertical a la horizontal, el uso de diferentes plataformas y aplicaciones, nuevas formas y recursos para la evaluación; pasar del trabajo con uno al trabajo con muchos y la implementación de diversas estrategias para fomentar la participación (Peñafiel, 2020).
Sin duda esta revisión obligada dejó en evidencia las carencias o más bien lo que ciertas priorizaciones habían dejado al descubierto. Una de ellas fue el cuestionamiento de para qué sociedad estamos formando (Perrenoud, 2012; Rujas, 2021), el tener que reconocer que los Pilares de la educación (Delors, 1996) tan ampliamente conocidos en el mundo educativo y , particularmente el pilar del ser o convivir, era más retórica que práctica. En otras palabra,s que la educación seguía dando el protagonismo a contenidos “académicos” en desmedro de los “humanizantes”.
En palabras de Santos Guerra, una escuela centrada en ser el templo del saber más que del ser (Santos Guerra, 2020), con un correlato en el que todo lo vinculado a las actitudes, disposiciones y valores se subestiman, dictaminando que no le pueden quitar espacio a lo verdaderamente importante. Opción que, como toda elección, no es neutra pues lleva consigo el que la educación integral sea solo una quimera.
¿Y cómo se relaciona esto con la pandemia? Simple, que en la acción se prueban las competencias y su gran examen con el COVID. La pandemia y todo lo que vivimos a nivel de nuestras relaciones, pasatiempos, el cierre de las escuelas y la vida puertas adentro claramente requerían de personas capaces de enfrentar tal situación. Pues más que decir que está bien no estar bien, empezó a resonar en todos los grupos el que para lograrlo más que quererlo hay que saber cómo hacerlo. Nadie puede movilizar un idioma que desconoce y ese pilar lo era. Un pilar que más bien era una frágil columna de porcelana. Corolario, competencias blandas que no tenemos y una salud mental que así lo empezó a demostrar.
La debilidad quedó al descubierto y con ello la oportunidad y el aprendizaje del que se centra este artículo. En tal perspectiva, la ola de contagios, angustias e incertezas iba develando que necesitábamos ocuparnos de la persona, que se requería aprender a ser, convivir, reconocernos como seres emocionales y que la educación ya no podía seguir solo declarando un aprendizaje integral si no que urgía que se centrara en ello. De tal manera y como lo precisa el informe de la Unesco y las investigaciones llevadas a cabo en este aspecto en el ámbito de Latinoamérica, se comienza a validar la necesidad de alfabetizarse emocionalmente. (Unesco, 2020)

Ahora bien, para América Latina esos esfuerzos implicaron y dejaron huellas, lo que permite mirar el fenómeno desde la oportunidad que toda crisis trae. En consonancia con ello, en los próximos párrafos se va a profundizar en lo que fueron los aprendizajes que la pandemia ha dejado ver en nuestras aulas.
· Educación híbrida: Se ha promovido el uso de un enfoque educativo híbrido que combina la educación presencial y en línea. Esto implica la combinación de actividades y recursos digitales con la interacción cara a cara en el aula. La educación híbrida permite mayor flexibilidad y adaptación a distintas situaciones, y promueve la incorporación de tecnología en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Ello ha permanecido como una posibilidad concreta y flexible para reuniones, talleres, clases eventuales y tutorías.
· Enfoque en habilidades socioemocionales: Se ha reconocido la importancia de abordar las necesidades socioemocionales de los estudiantes. Esto implica la promoción de habilidades como la resiliencia, la empatía, el trabajo en equipo y la gestión emocional. Los lineamientos educativos han enfatizado la inclusión de programas y actividades que fomenten el bienestar y el desarrollo integral de los estudiantes. El bienestar de la persona. En este sentido emerge y se valida, lo mucho o todo lo que hacemos depende de cómo estemos. Es decir se visibiliza y legitima la relación entre emociones y disposiciones y efectividad (Malaisi, 2019) y por ello la preocupación – ocupación por el bienestar de cada uno debe ser el núcleo de nuestras prioridades.
· Enseñanza personalizada y adaptativa: Se ha valorado la importancia de adaptar la enseñanza a las necesidades individuales de los estudiantes. Los lineamientos educativos han promovido enfoques pedagógicos que permitan una atención más personalizada, considerando el ritmo de aprendizaje, los intereses y las habilidades de cada estudiante. Esto implica el uso de recursos y estrategias que se ajusten a las características y estilos de aprendizaje de cada individuo. Todo ello ha llevado a comprender que es esencial el vínculo maestro estudiante y las formas en que éste construye, mantiene y nutre entorno al respeto, las altas expectativas y la valoración y potenciación del otro (Torrijos, 2013; Milicic y Aron, 2000)
· Aprendizaje interdisciplinar y basado en proyectos: Se ha favorecido el enfoque de aprendizaje basado en proyectos, donde los estudiantes trabajan en la resolución de problemas y la creación de productos concretos. Este enfoque fomenta la participación activa, el pensamiento crítico, la integración curricular y la aplicación práctica de los conocimientos adquiridos. Se busca que los estudiantes desarrollen habilidades transversales y adquieran un aprendizaje significativo y contextualizado. Un aprender más conectado con la realidad.
· Fortalecimiento de la educación a distancia: La pandemia ha acelerado el uso y la implementación de la educación a distancia. Los lineamientos educativos han buscado fortalecer esta modalidad, mejorando la calidad de los recursos y plataformas digitales utilizados, así como proporcionando capacitación y apoyo a docentes y estudiantes para una mejor adaptación y aprovechamiento de esta modalidad. Sin embargo, han quedado al descubierto tanto las brechas en acceso y manejo.
Señalados los principales aportes de la pandemia (Unesco, 2021; Unicef, 2022) es importante tener en cuenta que los lineamientos educativos pueden variar según el país y las circunstancias particulares. Cada país de América Latina ha adoptado estrategias y enfoques específicos en función de sus necesidades y recursos disponibles.
En consonancia con los planteamientos de Rujas: “asistimos a un momento de floración de experiencias educativas, lo que pone de manifiesto el valor que muchos conceden a la educación, más allá de las visiones estereotipadas, parciales o superficiales de la misma, que tanto abundan” (Rujas Martínez, 2020)

Finalmente, se hace necesario reconocer que como seres complejos y con cierto arraigo a lo conocido, a veces cambiar y avanzar se hace difícil. Por lo cual se podría llegar a establecer, por lo menos en el ámbito educativo, que pareciera requerirse de una verdadera catástrofe para poder remover los cimientos y reconstruir de caras al mañana aquellos cambios tan postergados, como indispensables. Cambios que permitan que la escuela sienta y se humanice en una real preparación para la vida.
Y ello es lo que sucedió con la pandemia en el mundo educativo: Un adentrarse y cuestionarse sobre los sentidos, las carencias y los verdaderos fines del proceso educativo.
Esto apunta a poner a la persona al centro del proceso (Morín, 2007) entender las incertezas de un mundo cambiante y el rol del profesor ante ellas (Perrenoud, 2009), validar que un proceso educativo, continuo y permanente, debe potenciar el desarrollo de las competencias emocionales como elemento esencial del desarrollo humano, con el objeto de capacitarles para la vida y con la finalidad de aumentar el bienestar personal y social” (Bisquerra, 2000). Aunado al hecho que la influencia entre motivación , aprendizaje y clima es directamente proporcional (Gil, Torres y Montero, 2017) junto con el que la diversidad de actividades es un factor influyente en el clima del aula y puede confirmar la relación entre las emociones, las actividades y sus resultados (Pekrun, 2006, 2009, 2011). De hecho un clima socialmente nutritivo es para Milicic y Aron (2020) lo que favorece mejores aprendizajes, motivación y compromiso.

Esto sin duda implica un cambio de forma y fondo en el que estos nuevos cambios deben cimentar un sendero de transformaciones para y durante la vida (Bisquerra, 2000). Una educación que cuida la personalidad integral del individuo, para la adquisición de competencias emocionales y así, poderlas aplicar a diversas situaciones de la vida. Sin duda, una educación que asume la salud mental y las secuelas de la pandemia (Larraguibel et al, 2021).
Para Rafael Bisquerra (2020) la educación emocional es una innovación educativa que responde a necesidades sociales no atendidas en las materias académicas ordinarias (escuela). El objetivo de la educación emocional es el desarrollo de las competencias emocionales, tales como: conciencia emocional, regulación emocional, autogestión, inteligencia interpersonal, habilidades de vida y bienestar. 
Referencias
Delors, J. (1996). “Los cuatro pilares de la educación” en La educación encierra un tesoro. Informe a la UNESCO de la Comisión internacional sobre la educación para el siglo XXI. Madrid: Santillana/UNESCO. 91-103.
Feito, R. (2020). ¿Qué hace una escuela como tú en un siglo como este? Madrid: La Catarata.
Gil Cuadra, F., Torres Prados, T., & Montoro Medina, A.B. (2017). Motivación en matemáticas de estudiantes de primaria. Revista Internacional de Psicología del Desarrollo y de la Educación, 1(1),85-94.
Larraguibel, M., Rojas-Andrade, R., Halpern, M. & Montt, M. (2021). Impacto de la Pandemia por COVID -19 en la Salud Mental de Preescolares y Escolares en Chile. Revista Chilena de Psiquiatría y Neurología de la Infancia y Adolescencia, 32(1).
Malaisi, L.J. (2019). Modo creativo. Educación Emocional. Paidós: Argentina.
Milicic, N. & Aron, A. M. (2000). Climas sociales tóxicos y climas sociales nutritivos para el desarrollo personal en el contexto escolar. Revista Psykhe, 9 (2), 117-123.
Morín, E. (2009). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Paris – Francia: Unesco
Pekrun, R. (2006). The control-value theory of achievement emotions: Assumptions, corollaries, and implications for educational research and practice. Educational Psychology Review, 18, 315-341.
Pekrun, R. (2009). Global and local perspectives on human affect: Implications of the control-value theory of achievement emotions. In M. Wosnitza, S. A. Karabenick, A. Efklides, & P. Nenniger (Eds.), Contemporary motivation research: From global to local perspectives. Toronto, Canada: Hogrefe. 97-115.
Peñafiel Rodríguez, W. (2020). Los cambios en los procesos educativos en tiempos de pandemia. Fides et Ratio – Revista de Difusión cultural y científica de la Universidad La Salle en Bolivia, 20(20), 13-16.
Perrenoud, P. (2012). Cuando la escuela pretende preparar para la vida. ¿Desarrollar competencias o enseñar otros saberes? Graó. Barcelona, España.
Perrenoud, Philippe (2007). DIEZ NUEVAS COMPETENCIAS PARA ENSEÑAR. INVITACIÓN AL VIAJE, Graõ, Colofón, México, 168 págs.
Rujas Martínez-Novillo, J. (2021). ¿Qué hace una escuela como tú en tu siglo como este? Rafael Feito Alonso. Madrid: Los Libros de la Catarata, 2020. Revista Española De Sociología, 30(1), a20. https://doi.org/10.22325/fes/res.2021.20
Santos Guerra, M (2020) Educar el corazón. Los sentimientos en las escuelas. Homo Sapiens editores.
Torrijos Fincias, P., (2013). Day, C. (2011).Pasión por enseñar. La identidad personal y profesional del docente y sus valores. Madrid: Narcea. 210 pp.. Teoría de la Educación. Educación y Cultura en la Sociedad de la Información, 14(2), 510-511.
UNESCO (2022) Transformar-nos. Marco para la transformación educativa basado en el aprendizaje socioemocional en América Latina y el Caribe.
UNICEF Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. (2021). Resumen Ejecutivo: Estado Mundial de la Infancia 2021. En mi Mente. Promover, Proteger y Cuidar la Salud Mental de la Infancia. Nueva York: Estados Unidos.
