DYLE Nº 28

La selectividad invisible. La desigualdad en el acceso a la universidad
Albert Sánchez-Gelabert
Institut de Ciències de l'Educació Universitat Politècnica de Catalunya
Helena Troiano
Departamento de Sociología Universitat Autònoma de Barcelona
Numerosos estudios realizados en diferentes países constatan el desequilibrio existente dentro de la población estudiantil universitaria. Es sabido que el perfil predominante en este colectivo es el de una mujer joven, de clase media o alta, de origen autóctono y con estudios de bachillerato (o el itinerario académico equivalente en cada país).
Evidentemente, se trata de una generalización, ya que también es conocido que en algunas carreras las mujeres no son mayoría, o que, aunque los estudiantes procedentes de Ciclos Formativos de Grado Superior (CFGS) o de clase trabajadora siempre son minoría, resulta más fácil encontrarlos en algunas facultades que en otras (Figura 1). Un apunte terminológico: a estas diferencias en la composición social entre titulaciones se las denomina estratificación horizontal de la universidad, un fenómeno muy persistente.
El acceso desigual a la universidad de los distintos colectivos es lo que genera este desequilibrio en la composición social del estudiantado (AQU, 2025). Sin embargo, aunque el concepto de acceso (o transición) nos remita a un momento concreto en el tiempo, lo cierto es que la desigualdad se produce a lo largo de muchos momentos y circunstancias de las trayectorias educativas.
En efecto, hay estudiantes que no han superado etapas previas, o que han decidido no continuar estudiando, es decir, ni siquiera han llegado a las puertas de la universidad. Otros, aun con la intención de acceder, han optado por cursar primero algún CFGS, tomando un camino más largo pero más seguro —puesto que les proporciona un título a los dos años. Otro grupo se habrá autodescartado al prever que sus calificaciones no alcanzarán la nota necesaria para entrar en los estudios deseados. Y, finalmente, los que lleguen se distribuirán de forma descompensada.
Las características individuales, pero también las escolares, académicas y sociales influyen, y mucho, en cuál de estos caminos es más probable que siga cada persona. Por este motivo, podemos afirmar que los criterios y procedimientos de acceso a la universidad son iguales para cualquier estudiante, pero no equitativos.
El estudio de las transiciones: el rendimiento desigual
Las ciencias de la educación —ya sea desde una perspectiva pedagógica, psicológica o, especialmente, sociológica— analizan las desigualdades en las transiciones educativas centrándose en dos fenómenos clave: el rendimiento y la decisión.
Ya hemos señalado que, en ocasiones, algunos estudiantes se quedan por el camino, y a menudo es consecuencia del bajo rendimiento académico que obtienen. Es cierto que, en algunos casos, a pesar de encontrarse en entornos poco favorables y en circunstancias de desventaja social y educativa, logran un buen rendimiento o resultados suficientes como para continuar y optar al acceso universitario. Sin embargo, en conjunto, sus compañeros de origen social más alto obtienen mejores resultados, por lo que cuentan con más opciones de acceso.1
Algunos países han puesto en marcha políticas para compensar la desigualdad derivada del rendimiento desigual de los estudiantes según su procedencia social. Dos casos interesantes son los de Chile e Inglaterra.
Figura 1. Distribución de matriculados según estudios de sus progenitores (% de ambos con estudios superiores). Por ámbitos de estudios. Estudiantes en Universidades presenciales con nacionalidad española y menores de 30 años. Curso 2020-2021. Porcentaje (%)

Fuente: Estadística de Estudiantes Universitarios. Curso 2023-2024 (avance). Sistema Integrado de Información Universitaria, MICIU. https://www.ciencia.gob.es/Ministerio/Estadisticas/SIIU/Estudiantes.html
En Chile existe una política de admisión universitaria destinada a reducir las desigualdades educativas —acentuadas por el alto nivel de segregación escolar que vive el país— a las que se enfrentan los estudiantes de contextos vulnerables. El sistema incorpora criterios de equidad, como el ranking dentro de su escuela y programas especiales de ingreso, para valorar el desempeño en relación con su entorno y no solo mediante pruebas estandarizadas. Esto ha permitido aumentar el acceso a la educación superior, incluso en carreras prestigiosas, y ha mostrado que muchos jóvenes poseen capacidades no reflejadas en los exámenes. Sin embargo, los alumnos más marginales presentan mayores tasas de abandono, lo que evidencia la necesidad de apoyos académicos, psicosociales y económicos adicionales (Carlana, Miglinio y Tincani, 2024).
Figura 2. Modelo de toma de decisión sobre acceso a la universidad y elección de estudios.

Fuente: Versión simplificada del esquema publicado por los autores (Troiano y Sánchez-Gelabert, 2025).
En el Reino Unido —específicamente en Inglaterra— existe una política de compensación en las admisiones universitarias conocida como contextual offers (ofertas contextuales). Esta medida consiste en ajustar a la baja los requisitos de acceso (por ejemplo, reduciendo uno o dos niveles las notas requeridas) para estudiantes procedentes de entornos socioeconómicos desfavorecidos, como los que viven en zonas con baja participación en educación superior, provienen de familias con ingresos bajos, o asisten a escuelas con bajo rendimiento académico. Este sistema busca valorar el potencial individual de cada solicitante en función de su contexto, reconociendo que las desventajas estructurales pueden afectar sus resultados académicos y brindándoles mayores oportunidades de acceder a la universidad (Boliver y Powell, 2023).
La complejidad de la transición: decidir en un contexto concreto
El segundo fenómeno que conviene analizar para comprender la dinámica desigual de la transición es el de la toma de decisiones. Ya en los años setenta, Boudon (1974) advirtió que estudiantes con las mismas calificaciones en una etapa determinada, pero de distinta clase social, decidían de forma diferente si continuar estudiando o no hacerlo.
De este modo, la decisión de seguir hacia la universidad y de elegir una carrera puede parecer que depende únicamente de una reflexión personal sobre los propios intereses y aspiraciones, dentro del marco de oportunidades que se le presentan al potencial estudiante; sin embargo, en realidad está muy condicionada por el origen social, la cultura familiar y otras circunstancias personales (Troiano y Sánchez-Gelabert, 2025).
Por ejemplo, un estudiante de clase trabajadora con buenas notas puede decidir no continuar en la universidad —o no escoger una carrera larga, exigente y con buena inserción— por miedo al fracaso, por el coste económico o por la necesidad de incorporarse pronto al mercado laboral. En cambio, los jóvenes de familias con más recursos tienden a continuar los estudios incluso con rendimientos más bajos, gracias al apoyo económico, académico, y a la presión para mantener el estatus social.
Las elecciones que toman los estudiantes se basan, evidentemente, en sus preferencias, es decir, en lo que quieren conseguir a nivel académico y profesional. Aunque las preferencias personales parezcan fruto de la vocación, se construyen en interacción con el entorno: la familia, la escuela, los amigos o las políticas educativas modelan los intereses y las expectativas. Por eso la vocación también está atravesada por el origen social: quienes crecen en familias universitarias suelen aspirar a trayectorias más académicas, prestigiosas o rentables, que les permitan mantener su estatus social, mientras que quienes proceden de entornos ocupacionales manuales tienden a valorar profesiones más aplicadas. Incluso las diferencias de género se reflejan: las mujeres suelen orientarse hacia ámbitos comunitarios (como la salud o la educación), mientras los hombres se inclinan más por áreas percibidas como más competitivas o técnicas.
Además de las preferencias, hay otro elemento clave en la desigualdad de las decisiones sobre el acceso a la universidad: el riesgo que asume cada persona al elegir una determinada vía. El riesgo principal es no alcanzar el objetivo deseado, y está compuesto por diferentes factores (Figura 2).
En primer lugar, el coste relativo, entendido como la inversión económica (tasas, transporte, salario dejado de percibir, etc.), temporal y emocional que suponen los estudios. El peso de estos costes varía según el origen social y puede intensificarse por factores subjetivos como el sentimiento de ser una carga económica para la familia.
En segundo lugar, la probabilidad de éxito, vinculada al ajuste entre capacidades personales y exigencias del programa, como su dificultad o duración. La percepción de las propias capacidades y de la dificultad de los estudios está mediada por la clase social, lo que genera sesgos en la valoración del riesgo.
Por último, los estudiantes valoran el retorno esperado en el mercado laboral, considerando la empleabilidad, la remuneración, el prestigio o las posibilidades de conciliación que ofrecen las distintas profesiones. Se trata de un cálculo complejo en contextos de alta incertidumbre, que aumenta la sensación de riesgo y depende, en gran medida, de cómo los recursos económicos y sociales de las familias puedan ayudar a sortear las dificultades futuras.
En general, los estudiantes de clases altas suelen sobrestimar sus capacidades y asumir riesgos más elevados: eligen carreras largas, costosas o de prestigio, incluso a veces se aventuran en opciones vocacionales de retorno incierto —por ejemplo, enseñanzas artísticas—, confiando en que el capital familiar compensará posibles dificultades. Por el contrario, los estudiantes de clase trabajadora suelen ser más cautos: buscan titulaciones más cortas, económicas o con salidas laborales rápidas, y en muchos casos compaginan estudios y trabajo para reducir el riesgo económico. Además, si encuentran obstáculos académicos, son más propensos a abandonar, mientras que los de clases medias o altas tienden a reorientarse hacia otra carrera dentro de la universidad (Sánchez-Gelabert y Troiano, 2023).
En definitiva, son las condiciones estructurales y las decisiones individuales las que explican por qué, incluso con la expansión educativa, las barreras de acceso y de elección siguen en pie. El reto no es solo reconocerlas, sino entender los mecanismos que las mantienen para diseñar políticas capaces de derribarlas y hacer que el camino universitario sea, de verdad, un camino sin exclusiones.
1 Este impulso final en las calificaciones refleja tanto el contexto familiar como el resultado de una trayectoria académica de buen rendimiento. No obstante, la investigación también ha mostrado que el tipo de escuela secundaria desempeña un papel relevante. En este sentido, Van Zanten (2019) pone de relieve cómo los centros de élite en París desarrollan estrategias específicas para facilitar el acceso de sus estudiantes a las universidades más prestigiosas. Por su parte, Sacristán (2023) analiza la diferencia entre las calificaciones de bachillerato y las obtenidas en las pruebas de selectividad en España, constatando que en las escuelas públicas la brecha es mayor en la franja baja de calificaciones (a favor de las notas de bachillerato), mientras que en los centros privados y concertados dicha diferencia se observa sobre todo en la franja alta, lo que incrementa las posibilidades de sus estudiantes de acceder a carreras de prestigio y alta demanda.
Referencias
AQU-Catalunya (2025). Catálogo de indicadores de equidad en el acceso, el progreso y la inserción laboral en el sistema universitario de Cataluña (2025). Barcelona: AQU. https://www.aqu.cat/es/Estudios/Difusion/Publicaciones/Buscador-de-publicaciones/Catalogo-de-indicadores-de-equidad-en-el-acceso-el-progreso-y-la-insercion-laboral-en-el-sistema-universitario-de-Cataluna-2025
Boliver, V. y Powell, M. (2023). Rethinking merit? The development of more progressive approaches to university admissions in England. Widening Participation and Lifelong Learning, 24(3), 33-55. https://doi.org/10.5456/WPLL.24.3.33
Boudon, R. (1974). Education, opportunity, and social inequality: Changing prospects in western society. New York: John Wiley.
Carlana, M., Miglino, E. y Tincani, M.M. (2024). How Far Can Inclusion Go? The Long-Term Impacts of Preferential College Admissions. NBER Working Paper No. w32525. https://ssrn.com/abstract=4851798
Sacristán, V. (2023). Notas de acceso a la universidad: ¿son equitativas? Barcelona: Observatorio del Sistema Universitario. https://www.observatoriuniversitari.org/es/2023/06/informe-pau/
Sánchez-Gelabert, A., y Troiano, H. (2023). Compensatory advantage after the first year at university in the Catalan system: between continuing, transferring and dropping out. Studies in Higher Education, 49(11), 1867–1883. https://doi.org/10.1080/03075079.2023.2281539
Troiano, H. y Sánchez-Gelabert, A. (2025). Transiciones y trayectorias en la educación superior. La progresiva integración de las teorías de la elección racional y las teorías estructural-culturalistas. Pensamiento Universitario, 23.
Van Zanten, A. (2019). Neo-liberal influences in a ‘conservative’ regime: The role of institutions, family strategies, and market devices in transition to higher education in France. Comparative Education, 55(3), 347-366. https://doi.org/10.1080/03050068.2019.1619330
