Revista sobre educación y liderazgo educativo DYLE Nº 29

DYLE Nº 29

Reseña libro

La escuela del ser y del querer (Ser)

Eduardo José Fuentes Abeledo

Profesor Didáctica y Organización Escolar USC

Abelleira Bardanca, A. y Abelleira Bardanca, I. (2024). La escuela del ser y del querer (ser). Semillas de vida y de futuro desde Infantil. Octaedro.

 

El libro de las hermanas Ángeles e Isabel Abelleira es hermoso en su intención, en la utilización del lenguaje, en ocasiones con tono poético, y en su contenido.

La obra enamora también por su diseño, con cientos de fotografías en color que iluminan sus páginas, y por los protagonistas que destacan en las mismas: las niñas y los niños que se muestran laboriosos y felices en la realización de múltiples tareas. Actividades que realizan tanto fuera del aula (en lavaderos públicos, molinos, cascadas, parques, bosques, senderos, caminos, puentes, museos y en otros muchos espacios, sobre todo de la naturaleza; caminando, observando, recogiendo datos, reflexionando, investigando, jugando, realizando múltiples obras), como en diferentes rincones de dos escuelas gallegas (EEI Milladoiro, y CEIP A Maía de Ames), cercanas a Santiago de Compostela, que las autoras y los pequeños embellecen con estampas de su quehacer cotidiano en las variadas aventuras que disfrutan. Las experiencias que se presentan, de muy diferente índole, reflejan el compromiso con la música, la literatura, las tradiciones, el arte, la ciencia, la danza, el teatro, la tecnología o el juego, sirviéndose de los sentidos con deleite, desarrollando un amplísimo abanico de capacidades. Todo ello en un clima de comunión con la naturaleza, de conocimiento y respeto del patrimonio, y de construcción de comunidades de afectos, también más allá de la escuela.

El libro permite acceder a las concepciones educativas y filosofía de las autoras que se desgrana, sobre todo, en la presentación y en los cinco primeros capítulos, y también a sus dilemas, dudas y preocupaciones, acercándonos a la complejidad del trabajo docente. El relato de las hermanas Abelleira, cronistas de la realidad, engancha desde la magia de lo cotidiano, con ejemplos concretos, pero siempre aportando también los fundamentos y principios de su coherente propuesta. Las prácticas pedagógicas se recogen, sobre todo, en el extenso sexto capítulo estructurado en diez apartados. En ellos se exponen las diez condiciones del modelo de escuela que defienden, presentando experiencias concretas comentadas, tanto en el texto que acompaña cada epígrafe, como en los pies de foto de las imágenes que enriquecen esta joya pedagógica.

Su compromiso con la formación de docentes se muestra, de forma especial, en el séptimo capítulo de elocuente título: “Maestras de infantil: sembradoras de sueños y protectoras de vida”. La perspectiva que se defiende acerca de las cualidades necesarias para ejercer como profesionales, se resume con ayuda de un verso de Gloria Fuertes:

“Lo primero, la bondad;
lo segundo, el talento.
Y aquí termina el cuento”.

Talento a raudales se percibe en este relato de la vida cotidiana de una escuela “natural, activa, de la delicadeza, comprometida, creadora, culta, saludable, sanadora, de ciudadanía local y de la esperanza y de la voluntad”, como se muestra entre las páginas 41 a 226.

Loable perfil de escuela, que las hermanas Abelleira hacen realidad en estos tiempos tan confusos en los que prolifera más bien lo espectacular, lo artificioso, y un activismo frenético, cuando se precisa una apuesta clara, y bien sustentada, para favorecer el bien común, el desarrollo equilibrado y pleno de los ciudadanos en formación, y un actuar sereno, reflexivo, trufado de sensibilidad, cultura y buenas formas. Ello, pese a que se pueda trabajar en contextos poco propicios que adolezcan de “carencias económicas, fragilidad de valores comunitarios, malestar de algunos niños, ausencia de estímulos ricos, desacertada elección de ocupaciones para el ocio, o falta de modelos de referencia en los adultos” (p. 93).

Aunque surjan dificultades, procede sobreponerse ante el desánimo, y comprometerse con una escuela que haga germinar “semillas para el bien común”. Semillas que las hermanas Abelleira van descubriendo por el mundo adelante. Por ejemplo, de Colombia se han traído varias, como comentan en el libro, para hacerlas germinar en sus escuelas, y que van también esparciendo por muy diversos países, en su incansable labor de formadoras de docentes. Como ellas mismas relatan tras su paso por Manizales: “… vimos un gesto ciudadano que nos pareció de una delicadeza y sensibilidad admirables: los habitantes solían llevar granos en los bolsillos y se los dejaban a los pájaros en forma de mensajes escritos. Algo que nosotras replicamos con el maíz que hemos guardado de ´la cosecha´. Cada vez que salimos, llevamos un paquete de granos, escribimos mensajes y nos escondemos para ver si los pájaros vienen a comer” (p. 73).

Las autoras recogen un hermoso texto del pedagogo y teólogo brasileiro Rubém Alves en su libro “Gaiolas ou asas” (Jaulas o alas) en el que se afirma: “hay escuelas que son jaulas y escuelas que son alas (…) Escuelas que son alas no aman pájaros enjaulados. Lo que ellas aman son pájaros en vuelo. Existen para dar a los pájaros coraje para volar (…) El vuelo no puede ser enseñado. Solo puede ser encorajado”.

La escuela de las hermanas Abelleira es, como podrán comprobar los lectores de este libro, una de esas “escuelas que son alas”, que se abren todos los días para descubrir la belleza del mundo, para disfrutar en una comunidad donde la bondad, la ternura, la delicadeza, la cultura, la comunicación y la ciencia florecen. Una escuela donde se practica una ética del cuidado (de las personas y de la naturaleza), y se hace realidad una filosofía que apuesta por trabajar con la naturaleza, no contra ella, y se labora, con esperanza y férrea voluntad, en defensa de la equidad.

El magnífico trabajo de documentación pedagógica en dos escuelas gallegas, desde una didáctica de la proximidad, se ofrece en esta obra para disfrute y aprendizaje, sobre todo de futuros docentes, profesorado en ejercicio y formadores de formadores. En ella encontrarán un ejemplo de coherencia entre pensamiento, acción y emoción, primando valores como la equidad, la justicia, la paz, la solidaridad, el cuidado de la naturaleza, el gusto por la cultura y la ciencia, el respeto por las tradiciones, y la esperanza de construir un mundo mejor.