DYLE Nº 27

El patito feo se convierte en cisne
Azucena Gozalo Ausín
Presidenta de la Federación Estatal del Fórum Europeo de Administradores de la Educación
Por fin. Quedan lejos los tiempos en que en nuestro país la percepción social de los estudios de Formación Profesional los vinculaba con una opción de segunda categoría, la alternativa formativa para aquellos a los que “no se les daba bien estudiar” y por consiguiente debían “conformarse” con una vía profesionalizante que les situara en un plazo breve en el mundo laboral. Un mundo, por ende, en el que no se planteaba ni como necesidad ni como voluntad seguir formándose: ¿para qué? Una vez cualificado para desempeñar un oficio, ese era el presente y futuro del aprendiz, que, en todo caso, podría ir mejorando sus perspectivas laborales dentro de la propia empresa, a través de alguna suerte de promoción interna…
Hoy estamos en otro lugar, tanto por las cifras reales de matrícula, titulación e inserción laboral como por la propia percepción social de la formación postobligatoria. Vamos a hacer un breve recorrido por datos relevantes. Si nos remontamos a los primeros años del siglo XXI, la inserción laboral de los universitarios era superior a la de los titulados de FP y la percepción social de la universidad era mucho más positiva que la de los estudios de Formación Profesional: La universidad tenía más prestigio y daba acceso a mejores empleos. Sin embargo, tras la profunda crisis iniciada en 2008 la tendencia y la valoración social dieron un giro que no ha hecho más que afianzarse en los últimos años, acentuado por la creciente dificultad para encontrar trabajo cualificado para los egresados universitarios. A partir del curso 2017-2018 la matrícula en Formación Profesional se dispara, superando a principios de la década actual el millón de estudiantes. Y la tendencia continúa: de acuerdo con la información recogida por EPALE (2024)1, en el curso 2024-2025 hemos contado con cerca de 1.200.000 alumnos, 48.000 más que el curso anterior.
A este espectacular aumento están contribuyendo los importantes cambios normativos recientes, que han apostado por un sistema único, flexible y más conectado con el mundo laboral, con un importante esfuerzo para favorecer la Formación Profesional Dual y la modalidad a distancia. El contexto laboral es igualmente propicio: se calcula que el 27% de las oportunidades de empleo previstas en nuestro país hasta 2025 requerirán titulados de Formación Profesional.
Pues sí, todos estos datos invitan al optimismo, el “cisne” ha despegado. Lo que nos debe llevar, lejos de la autocomplacencia, a redoblar nuestros esfuerzos para afrontar con éxito los desafíos que supone este cambio: persisten las desigualdades en el acceso a la educación post-obligatoria, los grados industriales y tecnológicos, los más demandados y mejor pagados, siguen teniendo poca atracción, la modalidad dual crece aún a un ritmo muy bajo y, en el ámbito de la Formación Profesional, como en el resto de los niveles de enseñanza, es preciso mejorar la atracción y retención del talento docente.
Es el momento de la Formación Profesional, sí, pero no puede volar sola.
1 EPALE. (2024, septiembre 13). El auge de la Formación Profesional en España: Más de 1,19 millones de estudiantes inscritos para el curso 2024-2025. EPALE – Plataforma electrónica para el aprendizaje de adultos en Europa. https://epale.ec.europa.eu/es/content/el-auge-de-la-formacion-profesional-en-espana-mas-de-119-millones-de-estudiantes-inscritos [El auge de…illones…]
