Revista sobre educación y liderazgo educativo DYLE Nº 29

DYLE Nº 29

Columna internacional

Aprender sin prisas: una mirada desde dentro a la educación infantil en Finlandia

María Teresa Coll Oliveras

 

Introducción: Una travesía hacia la infancia

Finlandia, este país al norte de Europa, ha despertado durante años un inmenso interés internacional en relación con su sistema educativo. Mi nombre es Maria Teresa Coll Oliveras, me formé en 2016 como maestra en la Universidad de Girona y, desde ese mismo año, ejerzo en Finlandia. Me considero una persona con un fuerte sentido de la justicia y una apasionada de las pedagogías activas y la educación libre. Al terminar mi formación, decidí trasladarme aquí para encontrar una manera más humana de mirar a la infancia en sociedad.

Tras años de experiencia en diversas escuelas infantiles, actualmente dirijo mi propia escuela domiciliaria, Mimosa Ryhmis, donde acompañamos a un grupo de doce niños con un equipo de tres profesionales. Durante esta década, he visto cómo este país pone a la infancia y al juego en el centro, permitiendo que la educación sea personal y flexible gracias a ratios reducidas. Aquí, los niños no viven bajo la presión de alcanzar objetivos incoherentes para su etapa evolutiva; se les deja ser pequeños y crecer sin prisa, respetando su autonomía y libertad.

El contexto sociocultural y el ritmo de la naturaleza

La densidad de población de Finlandia (5,6 millones de habitantes) tiene un impacto directo en su educación. Existe un gran contraste entre el movimiento de las ciudades y la calma de los pueblos rurales, pero en todo el país se prioriza el desarrollo holístico del niño: cognitivo, físico, ético, social y emocional.

El clima drástico define el calendario académico bajo la premisa de que “el mal tiempo no existe si se lleva la ropa adecuada”.

  • Invierno: Con temperaturas de hasta -30 grados, la sociedad abraza el recogimiento. Sin embargo, la actividad no se detiene: los niños salen a jugar a diario si el termómetro marca más de -15 grados y realizan excursiones semanales al bosque incluso con un metro de nieve. Se fomenta aprender de la naturaleza en su estado más puro, con siestas a la intemperie muy abrigados en carritos.
  • Primavera: Es una estación vibrante donde se presencia la explosión del verde y los riachuelos. En las escuelas, es habitual ver a los niños saltar en charcos y jugar con el barro hasta quedar cubiertos por él.
  • Verano: Marcado por días infinitos, la educación se traslada casi íntegramente al aire libre, permitiendo que el juego libre sea el protagonista absoluto mientras la naturaleza está en su esplendor.
  • Otoño: Es el momento de echar el freno y volver a la rutina. Las escuelas inician el calendario académico alternando actividades dentro del aula con el contacto constante con el exterior.

Los pilares del sistema: Confianza y seguridad

El sistema educativo no es un elemento aislado, sino el reflejo de valores como la confianza extendida. Finlandia es una sociedad donde cerrar la puerta con llave es una opción personal, donde los niños de siete años caminan solos al colegio y donde las familias viven sin miedo a que sus hijos disfruten de su independencia.

Esta confianza social se traduce en una baja necesidad de control extremo hacia las instituciones y profesionales. No existen evaluaciones estandarizadas tempranas ni inspecciones constantes; los docentes gozamos de una gran autonomía pedagógica para adaptar la enseñanza a cada niño en particular. Esta valoración social del profesional es, lamentablemente, casi inexistente en otros contextos como el español.

El Estado del Bienestar como red de seguridad

La infancia es concebida como una etapa que debe ser protegida por toda la comunidad. El sistema finlandés ofrece servicios que reducen las desigualdades desde el inicio, como el acceso casi universal a la educación y las bajas familiares prolongadas.

  • Bajas familiares: El periodo se extiende unos 13 meses tras el parto, pudiendo prolongarse hasta los tres años con ayudas económicas para el cuidado en el domicilio. Esto permite que los niños se introduzcan en el sistema educativo de forma paulatina, generalmente a partir de los 13 meses, con mejores herramientas emocionales.
  • Apoyo sanitario: Las familias visitan con frecuencia centros de salud donde se vigila tanto la salud física del bebé como la salud mental de los padres. Personalmente, recibí un apoyo excelente durante un embarazo delicado, con derivaciones inmediatas a psicología sin esperas engorrosas, lo que garantizó que pudiera ser una mejor madre.
  • Conciliación real: Las jornadas laborales no superan las 40 horas semanales y existe la posibilidad de reducir la jornada hasta que el hijo cumple ocho años. Aunque los centros abren muchas horas con horarios escolares flexibles, para facilitar el trabajo de los padres, esto a veces deriva en jornadas excesivas de hasta diez horas para algunos niños, lo cual es legal pero agotador a edades tempranas.

Estructura y ratios: La clave de la calidad

La sociedad finlandesa respeta los primeros años de vida ofreciendo diversas opciones: escuelas tradicionales, domiciliarias o madres de día. Las ratios son estrictas y fundamentales para garantizar el “mimo” y la atención individualizada:

  • Escuelas infantiles (menores de 3 años): 1 adulto cualificado por cada 4 niños. Los grupos no superan los 12 niños y al menos uno de los tres adultos debe ser maestro titulado.
  • Escuelas infantiles (mayores de 3 años): 1 adulto por cada 7 niños, con grupos máximos de 21.
  • Escuelas domiciliarias: Grupos de 12 niños de edades mezcladas con 3 adultos (ratio 1:4).
  • Madres de día: Ratio de 1:4, aunque en este caso el profesional no siempre debe estar cualificado obligatoriamente.

Estas cifras aseguran que las necesidades básicas (comida, sueño, higiene) se atiendan sin prisas y con afecto.

El currículo y el niño como agente activo

En Finlandia, el niño es visto como un ser competente, curioso y protagonista de su aprendizaje. El Currículo Nacional (2019) define la infancia como una etapa con valor en sí misma, no preparatoria para la primaria. Enfatiza la alegría de aprender, la exploración y la interacción social.

A diferencia del sistema español, donde el currículo es más prescriptivo y enfocado a objetivos académicos y competencias del segundo ciclo (3 a 6 años), el finlandés no impone métodos cerrados ni contenidos rígidos. Los docentes tienen autonomía para no seguir una supervisión externa constante. Además, se aplica el concepto de EDUCARE: la integración inseparable de educación y cuidado. No se relegan los cuidados a un segundo plano; momentos como el cambio de pañal o la comida son dignificados como actos educativos y de amor.

Dimensiones del desarrollo integral

  1. Desarrollo Social: Aunque es una sociedad individualista, la vida en grupo es central. La cooperación y el respeto emergen de la convivencia y el juego, no de lecciones explícitas.
  2. Desarrollo Personal y Emocional: Se fomenta la autonomía absoluta. Como decía Montessori: “Cualquier ayuda innecesaria es un obstáculo para el desarrollo”. Se entiende la autonomía como un derecho y los conflictos como oportunidades para aprender autorregulación y empatía.
  3. Desarrollo Físico: El cuerpo es el vehículo del aprendizaje. Los niños salen al exterior mínimo dos veces al día: antes del almuerzo y antes de irse a casa, además de una salida semanal al bosque.

El papel central del juego y la metodología

El juego no es una recompensa, es el medio principal de aprendizaje. A través de él, los niños ejercitan funciones cognitivas como la memoria y la planificación, y regulan sus emociones. El sistema equilibra el juego libre (dirigido por el niño) y el juego guiado (propuesto por el educador con intención pedagógica).

La metodología se basa en “aprender sin prisas”. Existe una resistencia férrea a la aceleración; las diferencias individuales no se ven como déficits, lo que reduce la ansiedad y evita diagnósticos precoces. Se prioriza el aprendizaje basado en proyectos o fenómenos, donde los temas nacen de los intereses de los niños e integran matemáticas, ciencia y arte de forma globalizada y conectada con la vida real.

Organización de la vida cotidiana en las aulas

El día a día se estructura en rutinas estables pero flexibles que proporcionan seguridad emocional:

  • Llegada: Es escalonada según el horario de cada familia, permitiendo una recepción individualizada y sin caos.
  • Momentos de juego libre: Programados estratégicamente antes de actividades dirigidas para ayudar a la autorregulación.
  • Actividades grupales: Breves y siempre por la mañana.
  • Comidas: Momentos de aprendizaje compartido entre niños de diversas edades y adultos.
  • Descanso: Es obligatorio disponer de al menos una hora diaria de descanso, práctica que se mantiene hasta los 6 o 7 años.

El aula no es un lugar de silencio impuesto, sino un entorno vivo, ruidoso y en movimiento que invita a explorar. Las familias son aliadas; cada niño tiene un plan educativo individualizado que se revisa periódicamente entre padres y profesionales sin carácter evaluativo.

Evaluación y escolarización tardía

Uno de los aspectos que más sorprende es la ausencia de evaluaciones estandarizadas. Evaluar no es clasificar ni comparar, sino comprender el desarrollo para ajustar la pedagogía. Se utiliza la documentación pedagógica (fotos, notas de observación, registros de conversaciones) para visibilizar procesos complejos.

La escolarización obligatoria comienza a los siete años. Antes de esa edad, no se espera que los niños lean, escriban o calculen de forma formal. Estas habilidades se introducen cuando hay curiosidad y disposición. Paradójicamente, este inicio tardío suele derivar en mejores resultados a largo plazo en comprensión lectora y razonamiento, demostrando que el bienestar es la condición necesaria para el aprendizaje profundo. Finlandia destaca por sus bajos niveles de desigualdad y una alta motivación del alumnado.

Análisis crítico: Tensiones y desafíos actuales

No todo es perfecto en el modelo finlandés; existen sombras y retos significativos que deben analizarse:

  1. Dificultad de comparación: La falta de datos cuantitativos dificulta la rendición de cuentas política y la identificación de problemas estructurales a gran escala.
  2. Subjetividad: La evaluación depende excesivamente de la mirada del profesional, lo que puede generar diferencias de criterios entre centros.
  3. Falta de personal cualificado: Aunque la ley exige formación universitaria, la alta demanda y la escasez de profesionales llevan a contratar personal con baja cualificación o poco interés, lo que sobrecarga a los equipos y pone en riesgo la calidad del acompañamiento.
  4. Desigualdad territorial y privada: Aunque se busca la equidad, existen diferencias de financiación entre municipios. En la educación privada, la situación es compleja al depender de tres fuentes (Estado, ayuntamiento y familias), y no siempre se regula, por lo que existen diferencias regionales.
  5. Coste económico: El modelo es caro de mantener y requiere una inversión pública masiva difícil de replicar en países con menos recursos.
  6. Diversidad creciente: El sistema fue diseñado para una sociedad homogénea y hoy enfrenta el reto de la inmigración, especialmente en el desarrollo del lenguaje y la comunicación con familias de diversas culturas.
  7. Presión internacional: La bajada en rankings globales genera debates sobre si se debe introducir más estandarización, algo que muchos profesionales temen que erosione los principios del modelo.

Conclusiones y transferibilidad

El modelo finlandés no es un “kit” de técnicas para copiar, sino un ecosistema coherente. Su éxito radica en la alineación entre valores sociales y prácticas educativas. Nos enseña que el bienestar no es secundario al rendimiento, sino su motor.

Sin embargo, su transferibilidad tiene límites: no se puede importar la ausencia de exámenes sin un sistema de confianza y una inversión pública equivalente. Lo que sí podemos aprender es la importancia de la centralidad del bienestar infantil, el respeto a los ritmos y la valoración de los profesionales. En última instancia, la forma en que una sociedad educa a sus niños revela sus prioridades éticas. Apostar por una educación integral es decidir qué tipo de ciudadanos queremos formar: personas autónomas o piezas de un sistema competitivo y acelerado. El caso finlandés nos invita a repensar para qué educamos y a quién debe servir realmente el sistema educativo.

Bibliografía consultada:

Education Finland (www.educationfinland.fi).

Finnish National Agency for Education (2019). National core curriculum for ECEC.

InfoFinland (www.infofinland.fi).

Montessori, M. (1949). La mente absorbente del niño.

Tehy (www.tehy.fi).

Visit Finland (www.visitfinland.fi).