DYLE Nº 31
Presentación
Susana Vázquez Martínez
Universidad de A Coruña Directora revista DyLE
Josue Gutierrez Barroso
Universidad de la Laguna FEAE Canarias
Pensar en educación nos lleva casi inevitablemente a pensar en escuelas, institutos y universidades. Sin embargo, buena parte de lo que sabemos, de lo que nos interesa y de aquello que acaba formando parte de nuestra manera de comprender el mundo se aprende también en otros lugares y de otras maneras. Una visita a un museo, una actividad de divulgación, un festival, un encuentro entre generaciones o una conversación alrededor de una tarea compartida pueden convertirse en experiencias de aprendizaje sin necesidad de reproducir las formas propias de la enseñanza reglada.
La educación no formal permite precisamente dirigir la mirada hacia ese territorio amplio y diverso. El concepto tiene ya un recorrido considerable en la literatura educativa y ha servido para reconocer aquellas actividades educativas organizadas que se desarrollan al margen de las estructuras del sistema formal. La distinción entre educación formal, no formal e informal ha contribuido a hacer visible una realidad que hoy parece difícil discutir: el aprendizaje se produce a lo largo de la vida y atraviesa tiempos, espacios y experiencias muy diferentes.
Pero este monográfico no pretende detenerse en una definición exhaustiva ni establecer fronteras precisas entre unas modalidades de aprendizaje que, en la práctica, se encuentran y se entrecruzan constantemente. Nos interesa algo más sencillo y, al mismo tiempo, más sugerente: observar algunos de esos lugares, iniciativas y comunidades en los que el conocimiento se comparte, se transforma y adquiere significado para personas muy diferentes.
Esta mirada permite reconocer, en primer lugar, el valor de la divulgación como acción educativa. Acercar las matemáticas y las ciencias a la ciudadanía significa sacarlas de los lugares y formatos en los que habitualmente las encontramos y mostrar que también pueden provocar curiosidad, conversación, juego, experimentación o descubrimiento.
La experiencia de la Federación Española de Sociedades de Profesores de Matemáticas, presentada en estas páginas, permite recorrer algunas de las muchas iniciativas desarrolladas para aproximar las matemáticas a públicos diversos y favorecer una relación con ellas que no dependa exclusivamente de la experiencia escolar.
En esta misma línea se sitúa Open Science Cambre, una feria científica abierta que convierte durante unos días el espacio público en lugar de encuentro entre jóvenes, investigadores, familias y ciudadanía. La experiencia resulta especialmente interesante por combinar divulgación, ciencia ciudadana, ciencia abierta y participación juvenil, haciendo posible no solo acercarse al conocimiento científico, sino también experimentar, colaborar y participar activamente en su construcción y difusión. De nuevo, las fronteras entre quién enseña y quién aprende se hacen menos nítidas y el conocimiento sale de sus espacios habituales para circular por la comunidad
Los museos representan otro de los grandes espacios de encuentro entre conocimiento y ciudadanía presentes en el monográfico. Bajo esa denominación conviven instituciones muy diferentes y también formas distintas de aprender. El Museu de Matemàtiques de Catalunya invita a tocar, experimentar, plantear problemas y descubrir relaciones matemáticas; los Museos de la Escuela, desde otro patrimonio y con otros objetos, permiten acercarse a la historia de la educación, reconstruir experiencias escolares y establecer relaciones entre pasado y presente. A ello se suma la reflexión sobre la relación que los museos establecen con las propias escuelas, creando conexiones entre experiencias educativas que no tienen por qué quedar encerradas en uno u otro espacio.
Aprender en un museo es un acto de libre elección donde entra en juego lo que cada visitante sabe, recuerda y espera, pero también las personas con las que comparte la experiencia, las conversaciones que mantiene y las características del lugar y de los objetos con los que interacciona.
Junto a instituciones reconocibles por su función cultural o divulgadora, este monográfico nos invita también a descubrir el potencial educativo de espacios mucho más cotidianos. El Club de lectura y costura “Veciñas de Doña Emilia” constituyen un magnífico ejemplo. Mujeres que se reúnen para bordar, coser o hacer ganchillo y que, al mismo tiempo, leen a Emilia Pardo Bazán, hablan sobre ella y recuperan la impronta de una mujer avanzada en muchos aspectos para la sociedad de su tiempo. Alrededor de una mesa circulan técnicas, recuerdos, historias, lecturas y experiencias. Unas enseñan a otras, pero los papeles de quien enseña y quien aprende no permanecen necesariamente fijos.
Este tipo de experiencias permite incorporar al debate educativo saberes que no siempre han ocupado un lugar central en los espacios académicos: conocimientos vinculados a los oficios, las prácticas artesanales, la memoria, las experiencias de las mujeres o las tradiciones compartidas. Reconocerlos no significa idealizar cualquier práctica comunitaria como educativa, sino prestar atención a los procesos de transmisión, intercambio y construcción de conocimiento que pueden producirse en ella.
La posibilidad de aprender aparece también en contextos mucho más complejos, como las cárceles. Contextos que nos sitúan ante una realidad radicalmente diferente y muestran el valor de la palabra, el relato y la experiencia educativa en espacios atravesados por fuertes condicionantes.
También las universidades populares muestran una forma diferente de hacer circular el conocimiento. Su dimensión educativa se entrelaza con una función cultural y social que permite generar espacios de encuentro entre conocimiento académico, territorio y ciudadanía. En este sentido, se presenta en las siguientes páginas experiencias como la de las Universidades Populares, símbolo de la difusión de saberes entre la población.
Algo semejante ocurre cuando es el propio entorno el que se convierte en objeto y escenario de aprendizaje. “Las plantas como protagonistas: el Festival Plantarina Floresta Urbana y la coherencia como principio del aprendizaje ecoambiental no formal” incorpora a este recorrido la dimensión ambiental. Plantas, espacios urbanos y participación ciudadana permiten construir una experiencia en la que conocer el medio significa también observarlo, relacionarse con él y preguntarse por nuestra manera de habitarlo.
La entrevista dedicada a la educación no formal y la difusión de la historia entre la población general, completa este recorrido planteando una cuestión que, de una manera u otra, atraviesa todas las contribuciones: cómo hacer que el conocimiento circule. Cristo Hernández Gómez, profesor de Prehistoria de la Universidad de La Laguna, reflexiona sobre la educación no formal no solo como una vía complementaria de transmisión de conocimientos, sino también como un espacio de transferencia social del conocimiento y de conexión entre la universidad, el patrimonio y la sociedad.
Quizá sea precisamente la “circulación del conocimiento” el hilo que une experiencias tan diversas: entre instituciones y ciudadanía, entre museos y escuelas, entre universidad y territorio, pero también entre personas que comparten saberes, experiencias y preguntas. Una circulación que no es unidireccional, porque quienes participan no son meros receptores, sino que interpretan, experimentan, narran, preguntan y aportan aquello que ya saben.
Las páginas que siguen invitan a descubrir algunos de esos lugares, personas y experiencias y, con ellos, otras formas de enseñar, aprender y compartir conocimiento. Un recorrido diverso que esperamos despierte la curiosidad y anime, también, a reconocer nuevos contextos en los que merece la pena detenerse.
