Revista sobre educación y liderazgo educativo DYLE Nº 29

DYLE Nº 29

Experiencias

Del cole a la aldea y de la aldea al cole: aprendizaje intergeneracional y patrimonio vivo en el CEIP Praia de Quenxe (Corcubión)

Pedro Lado García

Asesor de formación en CFR de A Coruña

 

Contexto del centro y del grupo

El CEIP Praia de Quenxe es un centro público de Corcubión, en una comarca donde conviven dinámicas más urbanas con una memoria rural muy presente en las parroquias del municipio. En ese equilibrio entre presente y raíces, el centro impulsa proyectos que conectan currículo y territorio, refuerzan la identidad local y dan sentido a lo aprendido más allá del aula. El curso pasado, toda la comunidad educativa (alumnado de Infantil y Primaria, profesorado, familias y ANPA) participó en una propuesta promovida por el movimiento vecinal de San Pedro de Redonda: “O saber sabor da aldea”, un proyecto intergeneracional que llevó al colegio saberes, herramientas y prácticas de la aldea, y que se completaba con una segunda fase de inmersión en las aldeas durante la primavera.

Este curso, como continuidad natural de esa alianza con el tejido comunitario, el centro participa en “A Corrente dos Muíños”, una iniciativa de recuperación de los muíños del riachuelo de Quenxe en la que elalumnado de 5.º y 6.º trabaja “codo con codo” con la vecindad de las asociaciones locales. La experiencia sigue en marcha y continúa abriendo posibilidades educativas y sociales.

Objetivos de la experiencia

La doble propuesta (feria en el cole + corriente de los muíños) comparte una intención común: construir una escuela abierta que reconoce el conocimiento comunitario como un recurso pedagógico de primer nivel. A partir de esa base, los objetivos concretos se formularon en torno a cinco ejes:

  1.  Acercar al alumnado al mundo rural y a las tradiciones locales, combatiendo la “desmemoria” y poniendo en valor el patrimonio material e inmaterial.
  2.  Promover un aprendizaje experiencial y manipulativo, para que niños y niñas puedan tocar, probar, preguntar y comprender procesos reales (por ejemplo, el camino del maíz hasta convertirse en harina).
  3. Fortalecer competencias sociales y emocionales: respeto, empatía, escucha activa, cooperación y valoración del esfuerzo colectivo.
  4. Fomentar la educación para la sostenibilidad y el consumo responsable, destacando recursos locales y prácticas de proximidad (productos “km 0”).
  5. Consolidar una red escuela–comunidad (ANPA, asociaciones vecinales, entidades colaboradoras) que dé continuidad a las acciones y las convierta en una línea estable de centro, no en un evento aislado.

Desarrollo de la actividad “O saber sabor da aldea”: la feria se acerca al cole

La primera fase, denominada “A feira achégase ao cole”, se celebró el 15 de noviembre y transformó el CEIP Praia de Quenxe en un espacio de intercambio cultural. Durante la mañana, el alumnado de todos los niveles, desde Infantil hasta Primaria, pudo interactuar con herramientas agrícolas y ganaderas y con utensilios tradicionales de cocina que para muchos/as resultaban totalmente desconocidos/as: arados de madera, muelas manuales, tamices, potes, sellas, maquinaria antigua…

El proceso del maíz: de la espiga a la harina

Uno de los momentos centrales fue el taller delmaíz. La secuencia se diseñó para que el alumnado viviese el proceso completo: “esbollar pallotes” (sacar lasramasy palos para dejar espigas), obtener las espigas, debullar a mano y a máquina (quitar los granos del maíz), moler los granos en una moa de mano y, por último, peneirar (cribar) la harina. La actividad culminaba con la referencia a las papas de millo (papilla de maíz), elaboradas con guía de personas mayores, lo que permitió hablar no solo de técnica, sino de cultura alimentaria y memoria familiar.

Didácticamente, este itinerario de transformación ayudó a comprender “el esfuerzo y todo el proceso que hay detrás de los productos que consumimos diariamente”, conectando ciencias, tecnología, lengua y educación en valores en un mismo escenario.

El troco/trueque: economía simbólica y reconocimiento

La feira incluyó también una acción muy potente en términos educativos: el troco. En una caseta de madera similar a las de la feria comunitaria, los niños y niñas intercambiaron dibujos, murales u objetos elaborados por ellos/as (llaveros, etc.) por frutas y hortalizas de la huerta: ajos, nabizas (con las que podían hacer manojos), patatas, manzanas… El intercambio puso en valor el trabajo agrícola y la creatividad infantil, haciendo visible que “el valor” puede ser también relación, respeto y reciprocidad.

Además, los dibujos recogidos tenían continuidad fuera del cole: estaban pensados para ser expuestos en la siguiente edición de la feria “O saber sabor da aldea”, reforzando la idea de proyecto compartido y de visibilidad del alumnado en el espacio comunitario.

Cierre festivo y aprendizaje social

La jornada finalizó con una merienda–degustación de platos típicos elaborados por la vecindad con productos locales: filloas, tortillas, empanadas, pan de maíz, tortas de manzana, membrillo, queso… y también lácteos de proximidad de Granxa Moreira (yogures y leche “km 0”). Hubo música tradicional y un grupo de gaitas al que se sumaron niños y niñas tocando panderetas y bailando, convirtiendo el cierre en una pequeña celebración comunitaria que reforzó pertenencia y autoestima colectiva.

Segunda fase: “O cole achégase á feira”

La propuesta estaba concebida en dos fases. A partir de marzo (con el apoyo de la Asociación de Amigos do Camiño), el alumnado realiza una excursión a las aldeas de San Pedro de Redonda para conocer granjas, plantaciones, demostraciones como el ordeño de vacas y elementos patrimoniales como los cabaneis (pequeñas construcciones tradicionales donde se guardan aperos de labranza, hierbas, leña…), terminando con una pequeña recreación de la feria en una pradera con merienda, música y las vacas pastando en la pradera de enfrente.

La clave pedagógica es clara: después de traer lo rural al cole, el cole entra en lo rural para comprender el territorio desde dentro.

“A Corrente dos Muíños”: patrimonio en acción y aprendizaje-servicio

Si “O saber sabor da aldea” fue una puerta de entrada, “A Corrente dos Muíños” supone un paso más: pasar de la observación y la práctica guiada a la participación en una tarea comunitaria real. El proyecto busca “revivir” los molinossdel riachuelo de Quenxe y, en uno de sus hitos, las niñas y niños de 5.º y 6º de Primaria se unieron a la vecindad de las asociaciones AAVV Lugar de Quenxe, San Roque y San Pedro de Redonda (en colaboración con la Asociación de Amigos do Camiño) para trabajar sobre el terreno, con cascos y herramientas, limpiando y recuperando espacios.

Una maestra, Rocío, resumía con humor un detalle muy significativo: “Triunfó la karcher… Las paredes quedaron limpitas”. Detrás de ese comentario hay una constatación pedagógica: pisar tierra, mojarse, cansarse, ver el cambio y sentir orgullo por lo logrado es un tipo de aprendizaje que a menudo queda fuera de lo escolar.

Preparación en el aula y transferencia al exterior

La salida no se improvisó. El alumnado llegó con conocimientos previos gracias a varias visitas y explicaciones en el aula; destaca la maqueta elaborada por David, vecino de la parroquia, que permitió comprender mecanismos y partes del molino antes de verlos en el espacio real. Así, el proyecto combina investigación, representación y acción, facilitando la transferencia de lo aprendido.

La continuidad también se cuida con gestos simbólicos: llevar la puerta de un molino al cole para que los niños y niñas más pequeños/as la pinten implica a todo el centro y convierte el patrimonio en algo “nuestro” y compartido por edades.

La dimensión intergeneracional: escucha y reconocimiento

En el relato de la experiencia aparece una idea central: la convivencia entre personas de edades muy diferentes produce aprendizajes que no se pueden reducir a una ficha. Las niñas y niños aprenden a escuchar y a preguntar; las personas mayores sienten que su saber cuenta y que su memoria es útil. En esa doble dirección, el proyecto fortalece la cohesión social y hace del cole un espacio de cuidado comunitario.

Evaluación, resultados y evidencias

La evaluación se realizó de forma cualitativa y continua, basada en observación, conversaciones en asamblea y producciones del alumnado. En “O saber sabor da aldea”, la documentación mediante fotografías, vídeos y dibujos funcionó también como evidencia de aprendizaje y como herramienta de devolución a la comunidad.

Entre los resultados más destacables, señalamos:

  • Alta motivación y compromiso del alumnado: el aprendizaje contextualizado mejoró la comprensión del mundo rural e incrementó la participación activa.
  • Mejora del clima de aula: el trabajo cooperativo y la interacción intergeneracional favorecieron un ambiente más colaborativo y respetuoso.
  • Desarrollo de competencias emocionales: paciencia, esfuerzo, valoración del trabajo colectivo y orgullo por lo aprendido.
  • Educación para la sostenibilidad: reflexión sobre recursos locales, consumo responsable y proximidad (lácteos km 0, productos de la huerta).
  • Fortalecimiento de vínculos escuela–comunidad: participación activa de asociaciones vecinales, ANPA y entidades colaboradoras, con expectativa de continuidad anual y ampliación.

También se identificaron dificultades, principalmente organizativas: coordinación de horarios, recursos y participación de múltiples agentes. La experiencia muestra, sin embargo, que estas barreras se superan cuando hay corresponsabilidad y compromiso compartido.

Reflexión final

Estas experiencias muestran que la innovación educativa no siempre pasa por introducir algo

“nuevo”, sino por recuperar y resignificar lo valioso: la memoria, el oficio, la tierra y las relaciones. En tiempos de pantallas, inmediatez y obsolescencia, estas experiencias devuelven al alumnado algo esencial: el valor de lo hecho con tiempo, de lo compartido, de lo que se sostiene entre generaciones. Como se decía en el propio proyecto de los molinos, hay aprendizajes que permanecen más que cualquier ficha: los que vinculan a las personas con su comunidad y a la escuela con el lugar que habita.

“O saber sabor da aldea” enseña que el conocimiento puede tener sabor: el de la harina recién molida, el de la conversación con la persona mayor que explica una herramienta, el del “troco” que reconoce el trabajo de todos/as.

“A Corrente dos Muíños”, por su parte, está demostrando que el patrimonio no solo se “visita”: se cuida. Cuando niños y niñas limpian un muro, entienden un canal o pintan una puerta, están construyendo pertenencia y responsabilidad; están aprendiendo que una comunidad es una corriente en la que cada quien suma.

Quizá por eso resulta tan certera la frase final de la docente: “Los chicos de mayores van a recordar estas actividades, no la ficha de mates”. Sin despreciar lo imprescindible del currículo, el proyecto recuerda que hay aprendizajes que permanecen porque están anclados en la emoción, en el sentido y en el vínculo. Y eso es, también, educación.